jueves, 6 de febrero de 2014

Martín Miguel de Güemes, Retaguardia Sanmartiniana...

Martín Miguel de Güemes
(1785-1821)

Martín Miguel de Güemes, el líder de la guerra gaucha que frenó el avance español con sus tácticas guerrilleras, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. Estudió en Buenos Aires, en el Real Colegio de San Carlos. A los catorce años ingresó a la carrera militar y participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas como edecán de Santiago de Liniers. En esas circunstancias fue protagonista de un hecho insólito: la captura de un barco por una fuerza de caballería. Una violenta bajante del Río de la Plata había dejado varado al buque inglés "Justine" y el jefe de la defensa, Santiago de Liniers ordenó atacar el barco a un grupo de jinetes al mando de Martín Güemes.

Tras la Revolución de Mayo, se incorporó al ejército patriota destinado al Alto Perú y formó parte de las tropas victoriosas en Suipacha. Regresó a Buenos Aires y colaboró en el sitio de Montevideo.

Pero Güemes no olvidaba su Salta natal, a la que volverá definitivamente en 1815. Gracias a su experiencia militar, pudo ponerse al frente de la resistencia a los realistas, organizando al pueblo de Salta y militarizando la provincia. El 15 de mayo de 1815 fue electo como gobernador de su provincia, cargo que ejercerá hasta 1820.

A fines de noviembre de 1815, tras ser derrotado en Sipe Sipe, Rondeau intentó quitarle 500 fusiles a los gauchos salteños. Güemes se negó terminantemente a desarmar a su provincia. El conflicto llegó a oídos del Director Supremo Álvarez Thomas quien decidió enviar una expedición al mando del coronel Domingo French para mediar en el conflicto y socorrer a las tropas de Rondeau varadas en el norte salteño. Rondeau parecía más preocupado por escarmentar a Güemes y evitar el surgimiento de un nuevo Artigas en el Norte que por aunar fuerzas y preparar la resistencia frente al inminente avance español. Finalmente, el 22 de marzo de 1816 se llegó a un acuerdo: Salta seguiría con sus métodos de guerra gaucha bajo la conducción de Güemes y brindaría auxilio a las tropas enviadas desde Buenos Aires.

Dos días después, iniciaba sus sesiones el Congreso de Tucumán que designó Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón. El nuevo jefe del ejecutivo viajó a Salta ante las críticas y sospechas de muchos porteños, que dudaban de la capacidad militar de Güemes y sus gauchos. Pueyrredón quedó tan conforme que ordenó que el ejército del Norte se retirara hasta Tucumán y ascendió al caudillo salteño al grado de coronel mayor.

San Martín apoyó la decisión de Pueyrredón y confirmó los valores militares y el carisma de Güemes y le confió la custodia de la frontera Norte. Dirá San Martín: "Los gauchos de Salta solos están haciendo al enemigo una guerra de recursos tan terrible que lo han obligado a desprenderse de una división con el solo objeto de extraer mulas y ganado".

Belgrano también valoraba la acción de Güemes. De esta forma nació entre ellos una gran amistad. Esto le dice Güemes a su amigo en una carta: "Hace Ud. Muy bien en reírse de los doctores; sus vocinglerías se las lleva el viento. Mis afanes y desvelos no tienen más objeto que el bien general y en esta inteligencia no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos. Así pues, trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria, que es la recompensa que deben esperar los patriotas".

El jefe de las fuerzas realistas, general Joaquín de la Pezuela, envió una nota al virrey del Perú, señalándole la difícil situación en que se encontraba su ejército ante la acción de las partidas gauchas de Güemes. "Su plan es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna, y sí de hostilizarnos en nuestras posiciones y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura, y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados, se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta y a tirotear nuestros cuerpos por respetables que sean, a arrebatar de improviso cualquier individuo que tiene la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento, y burlan, ocultos en la mañana, las salidas nuestras, ponen en peligro mi comunicación con Salta a pesar de dos partidas que tengo apostadas en el intermedio; en una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial."

A principios de 1817, Güemes fue informado sobre los planes del Mariscal de la Serna de realizar una gran invasión sobre Salta. Se trataba de una fuerza de 3.500 hombres integrada por los batallones Gerona, Húsares de Fernando VII y Dragones de la Unión. Eran veteranos vencedores de Napoleón. Güemes puso a la provincia en pie de guerra. Organizó un verdadero ejército popular en partidas de no más de veinte hombres.

El 1º de marzo de 1817, Güemes logró recuperar Humahuaca y se dispuso a esperar la invasión. Los realistas acamparon en las cercanías. Habían recibido refuerzos y ya sumaban 5.400. La estrategia de Güemes será una aparente retirada con tierra arrasada, pero con un permanente hostigamiento al enemigo con tácticas guerrilleras. En estas condiciones las fuerzas de La Serna llegaron a Salta el 16 de abril de 1817. El boicot de la población salteña fue absoluto y las tropas sufrieron permanentes ataques relámpago. El general español comenzó a preocuparse y sus tropas empezaron a desmoralizarse. No lo ayudaron las noticias que llegaron desde Chile confirmando la victoria de San Martín en Chacabuco. De la Serna decidió emprender la retirada hacia el Alto Perú.

Las victorias de San Martín en Chile y de Güemes en el Norte permitían pensar en una lógica ofensiva común del ejército del Norte estacionado en Tucumán a las órdenes de Belgrano y los gauchos salteños hacia el Alto Perú. Pero lamentablemente las cosas no fueron así. La partida de San Martín hacia Lima, base de los ejércitos que atacaban a las provincias norteñas, se demorará en Chile por falta de recursos hasta agosto de 1820. Belgrano, por su parte, será convocado por el Directorio para combatir a los artiguistas de Santa Fe. Güemes y sus gauchos estaban otra vez solos frente al ejército español.

En marzo de 1819, se produjo una nueva invasión realista. Güemes se preparaba nuevamente a resistir. Sabía que no podía contar con el apoyo porteño: su viejo rival José Rondeau era el nuevo Director Supremo de las Provincias Unidas. La prioridad de Rondeau no era la guerra por la independencia sino terminar con el modelo artiguista en la Banda Oriental, que proponía federalismo y reparto de tierras. El nuevo director llegó a ordenarle a San Martín abandonar su campaña libertadora hacia el Perú y regresar a Buenos Aires con su ejército para reprimir a los federales. San Martín desobedeció y aclaró que nunca desenvainaría su espada para reprimir a sus compatriotas.

El panorama de la provincia de Salta era desolador. La guerra, permanente, los campos arrasados y la interrupción del comercio con el Alto Perú habían dejado a la provincia en la miseria. Así lo cuenta Güemes en una carta a Belgrano: "Esta provincia no me representa más que un semblante de miseria, de lágrimas y de agonías. La nación sabe cuántos y cuán grandes sacrificios tienen hechos la provincia de Salta en defensa de su idolatrada libertad y que a costa de fatigas y de sangre ha logrado que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego; pues en premio de tanto heroísmo exige la gratitud que emulamos de unos sentimientos patrióticos contribuyan con sus auxilios a remediar su aflicción y su miseria". Pero los auxilios no llegaron nunca y la situación se hacía insostenible porque las clases altas de Salta le retaceaban su apoyo por el temor de aumentar el poder de Güemes y por la desconfianza que le despertaban las partidas de gauchos armadas a las que sólo toleraban ver en su rol de peones de sus haciendas.

En 1820, la lucha entre las fuerzas directoriales y los caudillos del Litoral llegó a su punto culminante con la victoria de los federales en Cepeda. Caían las autoridades nacionales y comenzaba una prolongada guerra civil. En ese marco, se produjo una nueva invasión española. En febrero, el general Canterac ocupó Jujuy y a fines de mayo logró tomar la ciudad de Salta. San Martín, desde Chile, nombró a Güemes y le pidió que resistiera y le reiteró su absoluta confianza nombrándolo Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú. A Canterac no le irá mejor que a La Serna: terminará retirándose hacia al Norte.

El año 1821, fue sumamente duro para Güemes porque a la amenaza de un nuevo ataque español se sumaron los problemas derivados de la guerra civil. Güemes debía atender dos frentes militares: al Norte, los españoles; al Sur, el gobernador de Tucumán, Bernabé Aráoz que, aliado a los terratenientes salteños, hostigaba permanentemente a Güemes, que será derrotado el 3 de abril de 1821. El Cabildo de Salta, dominado por los sectores conservadores, aprovechó la ocasión para deponer a Güemes de su cargo de gobernador. Pero a fines de mayo Güemes irrumpió en la ciudad con sus gauchos y recuperó el poder. Todos esperaban graves represalias, pero éstas se limitaron a aumentar los empréstitos forzosos a sus adversarios.

Estas divisiones internas debilitaron el poder de Güemes y facilitaron la penetración española en territorio norteño. Los sectores poderosos de Salta no dudaron en ofrecer su colaboración el enemigo para eliminar a Güemes.

El coronel salteño a las órdenes del ejército español José María Valdés, alias "Barbarucho", buen conocedor del terreno, avanzó con sus hombres y ocupó Salta el 7 de junio de 1821. Valdés contó con el apoyo de los terratenientes salteños, a los que les garantizó el respeto a sus propiedades.

Güemes estaba refugiado en casa de su hermana Magdalena Güemes de Tejada, "Macacha". Al escuchar unos disparos, decidió escapar a caballo pero, en la huída, recibió un balazo en la espalda. Llegó gravemente herido a su campamento de Chamical con la intención de preparar la novena defensa de Salta. Reunió a sus oficiales y les transfirió el mando y dio las últimas indicaciones. Murió el 17 de junio de 1821 en la Cañada de la Horqueta. El pueblo salteño concurrió en masa a su entierro en la Capilla de Chamical y el 22 de julio le brindó el mejor homenaje al jefe de la guerra gaucha: liderados por el coronel José Antonio Fernández Cornejo, los gauchos de Güemes derrotaron a "Barbarucho" Valdés y expulsaron para siempre a los españoles de Salta.

Luis Alberto Spinetta, eterno...

Luis Alberto Spinetta (Buenos Aires, 23 de enero de 1950 - 8 de febrero de 2012), conocido como El Flaco, fue un cantante, guitarrista, poeta, escritor, compositor argentino de rock, jazz-rock, tango rock, rock progresivo, hard-rock, blues, folklore, etc., considerado uno de los más importantes y respetados músicos en su país. La gran riqueza y complejidad instrumental, lírica y poética de sus obras le valió el reconocimiento en Latinoamérica y el mundo entero.
Es considerado uno de los padres del rock argentino. Fue líder de los grupos Almendra, Pescado Rabioso, Invisible, Spinetta Jade y Spinetta y los Socios del Desierto. En su obra hay influencia de escritores, filósofos, psicólogos y artistas plásticos como Rimbaud, Van Gogh, Dalí, Escher, Lü Dongbin, Jung, Freud, Nietzsche, Foucault, Deleuze, Sartre, Castaneda y Artaud, así como de las culturas de los pueblos originarios americanos y de Oriente.

Helder Camara, pionero de la Teología de la Liberación





Hélder Pessoa Câmara (7 de febrero de 1909 en Fortaleza, Brasil - Recife, 27 de agosto de 1999) fue un obispo brasileño, arzobispo emérito de Olinda y Recife, defensor de los derechos humanos y figura de la teología de la liberación. Fue uno de los fundadores de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB) y defensor de los derechos humanos durante la dictadura militar brasileña. Por su actuación recibió numerosos premios nacionales e internacionales, siendo el único brasileño candidato cuatro veces al Premio Nobel de la Paz.

Compartimos algunas de sus frases:


Siempre que busqué defender a los pobres, la iglesia me acusó de hacer política.


Los que tratamos de tomar la antorcha y seguir los pasos de Jesucristo, no debemos descansar hasta que los muros de la injusticia, la exclusión y la mentira caigan en nuestra preciosa tierra americana "ancha y enajenada".


Cuando sueñas solo, sólo es un sueño; cuando sueñas con otros, es el comienzo de la realidad.


Si le doy de comer a los pobres, me dicen que soy un santo. Pero si pregunto por qué los pobres pasan hambre y están tan mal, me dicen que soy un comunista.

Muchos de los líderes de la Acción Católica fueron encarcelados, como también militantes obreros y de los sindicatos rurales, además de miembros del Congreso, escritores y periodistas, de modo que yo debía tener el coraje de hablar como Arzobispo de Recife sobre la importancia de la libertad, de la justicia y de la verdad en esa hora decisiva.

Pero mientras las dos terceras partes del mundo están subdesarrolladas, ¿Cómo vamos a derrochar grandes cantidades en la construcción de templos de piedra olvidando a Cristo vivo, presente en la persona de los pobres?

miércoles, 5 de febrero de 2014

Camilo Cienfuegos


Camilo Cienfuegos Gorriarán (La Habana, 6 de febrero de 1932 – 28 de octubre de 1959) fue un revolucionario cubano y una de las figuras más emblemáticas de la Revolución Cubana, junto a Fidel Castro, el Che Guevara, Raúl Castro y Juan Almeida.

Es considerado fundador del Ejército Rebelde y uno de sus jefes principales durante la Guerra de Liberación Nacional contra la dictadura de Batista.
Conocido como "El Comandante del Pueblo", "El Señor de la Vanguardia", "Héroe de Yaguajay" o "el héroe del sombrero alón" fue un destacado revolucionario de extracción humilde y amplia ascendencia popular por su carácter jovial y natural desprendimiento»

Bob Marley, pensar la música...


Bob Marley nació en una pequeña localidad al norte de la isla de Jamaica, hijo de Cedella Booker y de Norval Marley, capitán del ejército británico que se desentendió de él. En 1949 se traslada junto a su madre a Kingston, la capital de Jamaica, instalándose en un barrio humilde. Bob Marley alternó su trabajo en una empresa de fundición con la música, muy influenciado por las audiciones radiales de emisoras del sur de los Estados Unidos. En 1962 realizó una audición para un productor nacional y al año siguiente, formó un grupo llamado "Wailing Wailers", junto a su amigo Neville O’Riley Livingston (Bunny) y Winston Hubert McIntosh (Peter Tosh). En 1966, Bob Marley contrae matrimonio con Rita Anderson y la influencia de las creencias rastafari comienza a reflejarse en su música. Su antigua banda pasa a llamarse "The Wailers". En 1973 iniciaron una gira por Inglaterra y los Estados Unidos, algo inédito para una banda de reggae. Dos años más tarde, Bunny y Peter abandonaron el grupo para emprender carreras solistas y la banda pasó a llamarse "Bob Marley & The Wailers". Bob Marley se convirtió en un promotor de la fe rastafari y un defensor de la paz, hechos que le costaron un atentado en su casa, donde él, su esposa y su representante resultaron heridos por disparos de armas de fuego. Luego de recuperarse, se traslado a Inglaterra, donde permaneció varios años. En 1978 volvió a Jamaica para el "One Love Peace Concert" que le valió la Medalla de la Paz entregada por las Naciones Unidas. Tiempo más tarde, bob fue condecorado con la Orden del Mérito de Jamaica en reconocimiento de su inestimable contribución a la cultura del país. En plena gira por Estados Unidos, en 1981, Bob Marley tuvo una recaída por un cáncer que lo venía aquejando, producto de una herida mal tratada, muriendo en un hospital de Miami (Estados Unidos).



Algunas de sus frases:

Hay dos tipos de dictadores: Los impuestos y los elegidos, que son los políticos.


Cuando una puerta se cierra, aunque no lo veas, otra se abre.



Nadie más que uno puede liberar su mente de la esclavitud.



Levántate, ponte de pie por tus derechos.



Si usted es el gran árbol, nosotros somos el hacha pequeña dispuesta a cortarlo.


Jose Alonso, Perón le escribía una carta....









José Alonso (Buenos Aires en el barrio de Montserrat, 6 de febrero de 1917 - Buenos Aires en el barrio de Belgrano 27 de agosto de 1970) fue un sindicalista y político argentino. Era hijo de un sastre de origen español, y desde joven se dedicó a la misma profesión.

Señor Don José Alonso                                                                                      16 de noviembre del 1965


Buenos Aires


Mí querido amigo:

He recibido su informe del 30 de octubre y el que lo completa con fecha 2 de noviembre próximo pasado. Muchas gracias por todo. Veo que las cosas marchan en la misma dirección y con el mismo ritmo. Eso es un indicio bueno porque como dicen los franceses "pas de nouvelle est bon nouvelle". Sin embargo, aunque a mí no me preocupan las "puñeterías" políticas porque, afortunadamente, ya estoy por sobre de ellas, me interesa en cambio y mucho que no se dejen sentir sobre el prestigio del Movimiento. Parece mentira que hombres grandes y que uno cree sensatos, se porten como chiquilines, olvidando que para que los demás nos toleren, debemos nosotros comenzar por ser tolerantes.

El asunto interno provocado por el infantilismo dominante hay que terminarlo cuanto antes, porque de lo contrario me vería yo en la necesidad de intervenir para poner fin a los pretextos que nuestros enemigos tienen para seguir tratando de dividirnos mediante la campaña publicitaria, a la que damos motivo nosotros mismos por los procedimientos que se están adoptando. Es menester que los dirigentes se coloquen seriamente en la posición que les corresponde y que se dediquen a trabajar para el Movimiento y no para ellos, porque de lo contrario terminarán por desprestigiarse ante la masa que los observa y los juzga. Con dirigentes desprestigiados al frente no iremos a ninguna parte y terminaremos por anarquizar nuestras formaciones, con gran alegría de nuestros enemigos.

La fuerza del Peronismo ha sido precisamente por la circunstancia de ser una fuerza orgánica en un país que todo está en plena desorganización. Si nosotros no resistimos al afán anarquizante que domina en el Gobierno y las instituciones, poco tardará para que seamos lo mismo que ellos: una calamidad. Si tenemos en cuenta que la reacción está organizada y dispone de una fuerza, nos comenzaremos a percatar del peligro que nos amenaza. Yo no creo que todos los que se empeñan, dentro del Peronismo, en disociar, obran de buena fé, porque cualquiera se puede dar cuenta de este peligro que menciono. Los intereses personales y de círculo tienen su límite. Yo no me opongo a que los dirigentes se quieran encumbrar si tienen condiciones y lo merecen, pero ello no ha de ser a costa del prestigio ni de la eficiencia del Movimiento, como está ocurriendo.

Sobre la situación general veo, como Usted, que las cosas van bien encaminadas y me doy cuenta que el Gobierno está amenazado de muerte porque hasta han tenido el atrevimiento y la ingenuidad de pedirme "que le demos una mano". Se imaginará que, para que lleguen a eso, ha de ser porque están en los estertores finales. Por eso creo que hay que seguir apretando de toda manera y me pone frenético pensar que, cuando ello es preciso, nuestros dirigentes se pasan perdiendo el tiempo en sus porquerías en vez de ponerse a trabajar en serio por la causa que nos es común.

Leo todos los recortes de las publicaciones, en especial de "El Mundo" y "La Razón", para darme cuenta de lo que persiguen en su campaña de provocación. Por su lectura me doy cuenta que los Servicios de Informaciones desarrollan una campaña con un Plan preconcebido y el objetivo de disociarnos, para lo que utilizan los diarios y revistas con una evidente congruencia y unidad de acción, lo que resulta peligroso si, como hasta hoy, nuestros dirigentes se dejan prender en la campaña y producen desaguisados que no conducen a nada que no sea hacer el caldo gordo a nuestros enemigos. Los objetivos inmediatos están claros: poner enfrente a los gremialistas y los políticos peronistas; enfrentar a los dirigentes peronistas con Perón tratando de aprovechar a los "peronistas sin Perón"; anarquizar así las bases por la pérdida de prestigio de sus dirigentes; neutralizar la acción de la C.G.T. tratando de dividirla y destruirla a través de los sindicatos por una persecución sistemática; atraer a los dirigentes peronistas que se presten para efectivizar todo lo anterior y utilizar a Frondizi y su gente del MIR en la misma tarea.

Si nosotros no nos ponemos en claro y enfrentamos esta campaña con decisión y seriedad, nos van a dar una gran lección cuyas consecuencias serán una gran experiencia pero para cuando ya no tengamos nada que hacer. En mi concepto, en este momento, el Gobierno está en un peligro tal que recurrirá a cualquier arbitrio para salvarse pero, si lo logra, los que estaremos en peligro seremos nosotros si no somos capaces de comprenderlo y reaccionar en defensa de nuestro Movimiento. Por el camino que vamos, después de lo que acabamos de presenciar, no tendremos salvación si no nos sacamos de encima a los que evidentemente trabajan dentro de este plan enemigo y muchos en entendimiento con él. Tengo demasiada experiencia como para darme cuenta cabal que las cosas que está ocurriendo no son obra solo de las circunstancias fortuitas, sino que también intervienen cuestiones interesadas por procedimientos deshonestos.

Usted comprende que yo, en las circunstancias actuales, no puedo ni quiero nada, que no sea el bien de nuestro Movimiento. Miro las cosas desde una posición absolutamente ecuánime y equidistante de todo lo que pueda ser intereses personales y de círculo porque no me anima otro interés que el de conjunto. Estoy a una altura de la vida en que solo el patriotismo y el bien de nuestra causa pueden impulsarme y cuando digo cuanto antes he dicho, lo hago con la persuasión más absoluta de que "algo está podrido en Dinamarca". Si no sacamos este tumor a tiempo, nos va a dar mucho que hacer. Los equivocados suelen tener remedio si son medianamente inteligentes como para comprenderlo, pero los traidores no tienen más remedio que alejarlos cualquiera sea el precio que haya que pagar por ello. Los grandes males solo curan con grandes remedios.

La tarea de higiene local debe estar a cargo de los propios dirigentes que están con las manos en la masa. Está llegando la hora decisiva y en élla no debemos tener traidores en el Movimiento porque esos pueden ser nuestra perdición. Muchos suelen decir que la masa está firme y que no responde más que a Perón, pero Usted sabe que eso es relativo, desde que Perón no puede desde aquí conducir la masa si no dispone de dirigentes honestos y capaces. Uno solo de ellos que defeccione, por incapacidad o por traición, es suficiente para hacernos fracasar cualquier cosa. En la campaña que el Gobierno desarrolla para disociarnos está la propia evidencia de cuanto le vengo diciendo: ¿quién es el que informa al periodismo enemigo de cuanto ocurre en las reuniones secretas de los organismos? Usted comprende que solo puede hacer esto el que esté en la traición. Luego hay traidores. Todos deben saber quienes son.

En cuanto a la acción de los militares, ya sean azules, como gorilas o violetas, no tengo mucha fé por ahora. Los azules porque no se animarán a sacar las fuerzas a la calle y los demás porque carecen de fuerza y tampoco querrán jugar una carta que dé motivo a los azules para intervenir en defensa de la legalidad. Sin embargo, existe un "entourage" de radicales de Balbín, conservadores, gorilas y marinos, que están agazapados en espera de la oportunidad: esos son los más peligrosos si, como espero, el Gobierno de Illía cae solo por inoperancia culposa. Hay en todo esto algo que no está claro. Aparentemente el Gobierno, compuesto de radicales de Illía y gorilas, está colocado evidentemente frente los azules de Onganía. Los radicales de Balbín, marinos, conservadores y gorilas organizados y con Comandos Civiles, observan lo que pasa y solo aparecen de cuando en cuando unos pocos, aunque sabemos que la organización existe. ¿Qué está entonces pasando?

En estos momentos el Peronismo necesita un verdadero Comando de Operaciones para informarse, apreciar, resolver y realizar lo que sea necesario para enfrentar a todas estas organizaciones de la manera más efectiva, con unidad de concepción y de acción, con una planificación perfecta de objetivos claros y precisos, que nos permita pensar que frente a un enemigo activo, nosotros también disponemos de una actividad permanente. En cambio, por lo que se vé, disponemos de un organismo de conducción que pierde su tiempo en declaraciones intrascendentes e inoperantes que, "por casualidad", favorece también a los planes de los enemigos y dentro del cual hay personas que se encargan de informar a ese enemigo sobre las cosas que se tratan y las estupideces que se dicen para que ellos puedan sacar la mayor ventaja para su empeño. ¿No le parece, querido Alonso, que así las cosas no pueden seguir?

No es que yo me amargue, como dice Usted, porque ya soy en estas cosas una suerte de fakir, pero me interesa que llamemos las cosas por su nombre, ya que no nos vamos a estar tirando la suerte entre gitanos. Todos sabemos lo que está pasando: hay ambiciones, que yo las justifico, las acepto y las encomio porque con hombres sin justas ambiciones, no iremos a ninguna parte. De manera que lo malo no está en que los dirigentes ambicionen sino en las formas de ejecución con que esos dirigentes quieren satisfacer esas ambiciones. Yo le entregaría hoy mismo el Movimiento Peronista a un dirigente que me pudiera asegurar que no lo destruiría y sería obedecido por la masa porque, como imaginará, ya estoy en condiciones de jubilarme, para ocuparme de otras cosas muy importantes que tengo entre manos como el "Movimiento de Liberación Latino Americano" que se encuentra en plena marcha. Con las manos libres y sin la persecución de los embajadores argentinos, podría viajar tranquilo y realizar una obra continental que me tiene entusiasmado. Si ya no he anunciado mi retiro de la política activa en mi país, ha sido porque pienso que todavía soy indispensable para mantener la cohesión de nuestro Movimiento. Que más querría yo que apareciera un hombre que me reemplazara o que el Movimiento se institucionalizara en garantía de un futuro mejor.

El viaje de Isabelita sé que ha sido de un éxito extraordinario en las provincias porque he recibido cartas a montones en las que me relatan los compañeros de Córdoba, Mendoza, San Juan, Tucumán y Chaco. Su misión ha sido precisamente ésa: levantar un poco el ánimo, que lo presentía un poco decaído en todas partes. Si ha llenado su objeto me doy por satisfecho.

Me alegro mucho que a su Señora esposa le haya ido tan bien en la operación y le ruego que le haga llegar, junto con mi saludo más afectuoso, mi enhorabuena por ello. Lo mismo que haga llegar mis saludos a los pibes.

Espero y anhelo que las cosas de la C.G.T. sigan bien y metiendo. Un agente de Illía llegó hasta aquí y con el Embajador Argentino en Madrid tomaron contacto conmigo. Me preguntaron qué había que hacer para arreglar la situación. Yo les contesté que, en mi concepto, todo lo ocurrido había sido provocado por ellos y que debían proceder cuanto antes: primero, a dejar sin efecto las inconsultas medidas tomadas con los gremios y la C.G.T. y, segundo, sacar del Gobierno a los agentes gorilas de provocación que, como el Ministro de Trabajo, están saboteando desde dentro del Gobierno mismo la marcha. Quedaron en comunicarlo. No sé si lo habrán hecho.

Saludos a todos los compañeros de la C.G.T.

Un gran abrazo.

Juan Perón

La matanza de Plaza Colón


La matanza de Plaza Colón fue un asesinato masivo cometido el 6 de febrero de 1906 en la ciudad de Antofagasta, Chile. En este evento fueron asesinados un número indeterminado de obreros que se encontraban en huelga general, mientras se encontraban reunidos en la plaza Colón.

La huelga, provocada por la solicitud emanada por parte de los caldereros del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB), en la cual solicitaban la extensión horaria del tiempo de almuerzo, en función a la realidad nacional, configurarían los hechos ocurridos en la plaza de la ciudad.
Un grupo de guardia civil instruido por el coronel Sinforoso Ledesma y aprobado por el intendente Daniel Santelices, en conjunto con un piquete de la marinería de la fragata blindada Blanco Encalada, se encargarían de reprimir el mitin sindical, matando a un grupo de trabajadores presentes en el evento.
Durante los años 1900 se inició la articulación de las mancomunales obreras en Chile. Por su parte, en 1903 se conformó la Combinación Mancomunal de Obreros de Antofagasta, que reunía a trabajadores portuarios. Era el inicio de la organización sindical en la ciudad.
Historia

Causas

A fines de enero de 1906, se organizó un movimiento social, impulsado por la Combinación Mancomunal de Obreros y liderado por la sociedad de resistencia de caldereros del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB), quienes solicitaban cambios en la jornada horaria, mediante la ampliación del horario de reposo en 30 min más, sumado a los 60 min con los que ya contaban para comer. El motivo de la petición radicaba en que la mayoría de los empleados vivía en zonas periféricas de la ciudad, por lo cual el horario vigente de descanso no alcanzaba para ir a casa y volver al trabajo, motivo por el cual constantemente sufrían descuentos salariales producto de los atrasos.1 En cuanto al ajuste del horario laboral, no existía legislación al respecto, sin embargo la petición de ampliar el horario de descanso se condecía con la normativa nacional.
El 20 de enero de 1906 se realizó la elección de un comité encargado de elaborar una solicitud, para manifestar el petitorio ante los patrones. La circular fue enviada a los empleadores plegados en el movimiento social. La mayoría de los patrones aceptó la extensión del horario de descanso, excepto el FCAB. Pese a las reuniones sostenidas entre trabajadores y empresarios, el petitorio fue rechazado nuevamente.

Movilizaciones

Las mancomunales obreras reaccionaron ante la negativa y mediante una votación realizada el 29 de enero en la sede de la Gran Unión Marítima, se concluyó la realización de una huelga. El 30 de enero la ciudad amaneció paralizada. El 1 de febrero, una delegación de obreros se reunió con el gerente general del FCAB, para solicitar nuevamente la extensión del horario de almuerzo, siendo nuevamente rechazada la solicitud por parte del empleador. Al día siguiente, caldereros del FCAB vuelven a solicitar la extensión, ante lo cual el gerente general, Mapletón Hoskins, aceptó con la condición de extender la jornada de trabajo en 30 min más, algo que las bases del movimiento no aceptaron.1
El 5 de febrero, el libertario Alejandro Escobar decidió redactar una nueva circular, amenazando con radicalizar la postura del movimiento obrero: de no aceptar la petición, la sociedad de resistencia exigiría un aumento salarial de 20% y una jornada laboral de 8 h.1
El día 6 de febrero continuó la paralización, totalizando más de 4 000 adherentes.2 El movimiento obrero acordó comicios populares para ese día a las 17:00 h, mediante la realización de un mitin en la plaza Colón.1
A las 12:00 h, los obreros se movilizaron por las calles de la ciudad para organizar un mitin en la plaza Colón, provocando disturbios a su paso. Ante la situación, el intendente decidió prohibir la venta de bebidas alcohólicas y el uso de arma blanca o de fuego, además de prohibir el derecho a reunión, con la finalidad de establecer el orden público.

“En la mañana un grupo de huelguistas apedreó i después destrozó una maquina del ferrocarril sin que las fuerzas supiesen contenerlos. Mas tarde como a las 2, otro grupo de jente anónima que nunca falta en estos casos, asaltó una carreta cargada de cajones de cerveza i que pasaba por la calle Prat entre las de San Martín i Latorre”

El Comercio, 9 de febrero de 1906

Por su parte, ante el alzamiento obrero, comerciantes y empresarios se reunieron en el Club de la Unión para discutir las medidas a tomar, decidiento formar una Guardia del Orden. El acuerdo fue comunicado al intendente Daniel Santelices, solicitándose además la instrucción por parte del Regimiento 7° de Línea "Esmeralda" (bajo las órdenes de Sinforoso Ledesma) a cerca de 100 guardias civiles, quienes liderados por Adolfo Miranda, recibieron fusiles por parte del Ejército de Chile. El intendente aceptó la solicitud. Además, el intendente solicitó el desembarco de un piquete de la marinería de la fragata blindada Blanco Encalada,2 4 que se ubicó en la esquina del edificio de los Servicios Públicos.

Matanza

A las 16:00 h, el movimiento obrero se trasladó hacia la plaza. Ya a las 17:00 h, más de 2 000 huelguistas llegaron al mitin organizado en la plaza, para escuchar los discursos. Antes del término de los comicios populares, hizo su aparición la Guardia del Orden, lo que despertó la desaprobación por parte de los huelguistas.1 Tras un intercambio de consignas, el conflicto comenzó con los disparos por parte de la guardia, quienes dispararon desde la plaza y el Club de la Unión. Los obreros huyeron en dirección a la costa, encontrándose con el piquete de la marinería, los cuales creyendo ser atacados, abrieron fuego contra los huelguistas. La matanza duró aproximadamente 3 min, según informes de la prensa.2
El número de víctimas es controversial e incierto. Según informes de oficiales, 48 personas resultaron muertas,1 aunque testigos hablan de aproximadamente 300 personas. No existen registros oficiales por parte del Servicio de Registro Civil e Identificación ni tampoco por parte del Cementerio General de Antofagasta. Durante la noche, los cuerpos fueron levantados e inmediatamente trasladados al cementerio.

Consecuencias

El 7 de febrero se produjeron las secuelas de la matanza. Un grupo de personas persiguió y asesinó al inglés Richard Rogers (acusado por los huelguistas de formar parte de la Guardia del Orden), además de saquear e incendiar la tienda "La Chupalla", siniestro que también arrasó con el periódico "El Industrial". Posteriormente estos grupos continuaron quemando propiedades comerciales e instalaciones ferroviarias. El obispo Luis Silva Lezaeta ofició de mediador entre huelguistas y empresarios, sin lograr acuerdos en cuanto al petitorio.2 No obstante, el movimiento huelguista decidió deponer las movilizaciones el 8 de febrero, reintegrándose la totalidad de los trabajadores el 10 del mismo mes.