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viernes, 28 de marzo de 2014

¿Qué significó la dictadura del 76 para el Movimiento Obrero? #TatoSolla

¿Qué significó la dictadura del 76 para el Movimiento Obrero?
Por Federico Solla

“Si alguna vez llegase a haber otro golpe, el pueblo quedará tan derrotado que la vuelta constitucional servirá solamente para garantizar, con el voto popular, los intereses del imperialismo y de sus cipayos nativos. Cada nueva elección no hará sino remachar los nuevos yugos coloniales”
Juan Domingo Perón, 1974

Marzo de 1976 encontró al país en un clima más que complicado por una crisis económica a la que el gobierno de María Estela Martínez de Perón parecía no encontrarle salida. Tras fracasos rotundos de planes económicos de corte liberal, que trajeron nuevas situaciones hasta encontes desconocidas para el pueblo argentino, como devaluaciones brutales, una inflación jamás vista, ajustes, recortes del gasto público y privatizaciones, estos intentos no hicieron más que profundizar la crisis.
El primer lock-out (paro patronal) de nuestra historia se sumó, a principios del 76, a una oleada de grupos opositores y pro-oligárquicos, sean de izquierda o derecha, que pedían, en voz baja y entre pasillos, que las Fuerzas Armadas tomasen el control del Estado.
El Movimiento Obrero y las fuerzas del campo popular resistían las embestidas de la crisis económica autogestadas en parte por el gobierno de Isabel Perón, por un lado, y alimentadas por los grupos económicos locales y foráneos, que venían por todo en América Latina.
Lejos había quedado el optimismo del General Perón que, antes de asumir su tercera presidencia con más del 60% de los votos, afirmaba que “Con Allende en Chile, esta vez los frenamos.”. El líder socialista chileno fue derrocado un nefasto 11 de Septiembre de 1973, por uno de sus laderos de confianza, el Gral. Augusto Pinochet. Meses antes, en una visita en al país andino, Fidel Castro, le regaló a Allende un fusil automático liviano de fabricación rusa (AK-47), y sugiró al mandatario chileno fusilar – literalmente hablando – a algunos altos mandos de las FFAA, que estarían operando para derrocarlo.
Los golpes se sucedieron durante la década de los 70 a lo largo y ancho del sub-continente latinoamericano. Pensados desde los EE.UU., y con la excusa de frenar al comunismo, que se manifestaba como enemigo interno, militares pro-oligárquicos, alineados con las políticas de Washingtong, se formaron e instruyeron en las escuelas militares yanquis en Panamá y los EE.UU. bajo la doctrina del Plan Condor. Los civiles, igualmente serviles a los mandatos del capitalismo global que se preparaba para dominar el mundo, realizaban sus estudios en la Unversidad de Chicago, para imponer los mandatos de Londres, Wall Street, sus bancos y fondos de inversión y las grandes corporaciones que transnacionalizaban cada vez más sus redes de negocios.
Es así, que desde los EE.UU., a fuerza de balas, torturas y desapariciones, se frena todo proceso popular-deomcrático en América Latina. El Plan Cóndor se impone en todo nuestro territorio y uno tras otro van cayendo gobiernos democráticos y populares. Gobiernos de caracterísitcas idénticas se imponen en toda la Patria Grande: militares pro-oligárquicos alineados con las políticas neoliberales  delineadas por los EE.UU., aliados a las oligarquías locales, desde financieras, empresarias, terratenientes y dueñas del suelo y los recursos naturales de cada país, asesorados por cuadros técnicos formados directamente bajo los lineamientos del dogma neoliberal. Todo esto bajo la complicidad directa de fracciones de las cases medias y altas y el apoyo explícito de gran parte de las partidocracias liberales locales.
En el 68, el Gral. Alvarado derrocaba al presidente deomcrático y constitucional peruano Fernando Belaunde Therry. En 1971, el Gral. Banzer Suárez, derroca al gobierno popular boliviano, anti-oligárquico e industrialista que lideraba el Gral. Torres. En Junio del 73 el presidente otrora democrático Bordaberry cierra el congreso uruguayo y otorga pleno poder a las FF.AA. para reprimir cuanto díscolo se cruce en el camino. El gobierno chileno cae en septiembre del 73. El argentino, en marzo del 76.

Economía

Para el año 1975 la Argentina ostentaba al mundo los mejores niveles de distribución de la riqueza de todo el continente. Del mentado fifty-fifty, en la puja capital-trabajo, más del 54% quedaba en manos de los trabajadores. Los salarios representaban el 43% del PIB. Había pleno empleo, las estadísticas demostraban un 1% de desocupación. La industria, pese al proceso de extranjerización de la economía sucedido desde el derrocamiento de Perón, y profundizado por el desarrollismo de Frondizi, representaba el 64% del la economía local.
Nada de esto era tolerable para los Washingtong, Londres y los grandes capitales transnacionales – aliados a las oligarquías locales –, quienes ya habían definido, hacía más de 150 años, el rol de países como el nuestro en la economía mudial: el de meros exportadores de materias primas. Según el propio ministro de economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Oz, en un discurso pronunciado en Mayo del 76, la Argentina entraba en una nueva etapa, en que se liberarían las fuerzas productivas de la economía del pesado yugo del Estado. La liberalización de los mercados, el ajuste, la privatización de las empresas del Estado y contraer deuda externa, que pasó de 7 mil millones en 1976 a 45 mil millones en 1983. Todo esto acompañado de una política de feroz represión en todo el campo del pueblo. Todo esto para que, a fuerza de persecusión, secuestro, tortura, asesinato y desaparición de activistas estudiantiles, barriales y sindicales, se imponga la voluntad del capital por sobre la Liberación Nacional. Todo esto fue conocido como el Proceso de Reorganización Nacional.
Para comprender a cabalidad a qué sectores del poder económico vernáculo y foráneo respondían los nuevos lineamientos económicos que imponía a sangre y fuego la dictadura, es fundamental comprender quién era Martíneza de Oz. Salteño de nacimiento, José Alfredo, alias Joe, como lo llamaban sus amigos estadounidenses, era un polifacético e igualmente nefasto personaje. Para 1976, ostenataba el título de presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), como heredero de una de las familias terratenientes más fuertes de la oligarquía local. Una vez egresado de la Cambridge University con el grado de economista, había sido ministro de economía de Salta durante los años de la Revolución – mal llamada – Libertadora. En los años previos al golpe, había llegado también a la presidencia de Acindar, la principal siderúrgica argentina, después de SOMISA (que años más tarde Menem privatizaría en manos del Grupo Techint, de Paolo Rocca). Último, pero no menos importante, cabe destacar que Joe, era un asesor fundamental del grupo Rockefeller, una de las principales redes financieras mundiales que, tras la crisis del petróleo en 1972, se convierte en uno de los fondos financieros de inversión global más grandes del mundo. Todo esto sirve para ver cuál era la relación de fuerza hacia el interior del Estado argentino durante el golpe, es decir, qué actores y jugadores eran los que definían las nuevas reglas de juego: lo más recalcitrante de la oligarquía terrateniente anglófila local (la SRA); los grupos económicos industriales de mayor peso en la economía local (Acindar), y los grandes intereses del capitalismo que se empezaba a globalizar por aque entonces (la red Rockefeller).
La mentada liberalización de las fuerzas productivas  del ministro Martínez de Oz dejó a la Argentina absolutamente de rodillas y subordinada a los designios del capital foráneo, destruyendo la industria, hundiendo en el desempleo, la pobreza y la marginalidad a millones de argentinos. El paso de una matriz industrial de desarrollo, a una financiera de especulación, sería uno de los procesos más traumáticos para la historia de nuestro país, que se vería profundizado, posteriormente, durante la década de los 90's.

El Movimiento Obrero Argentino durante la dictadura

“A pesar de las bombas, de los fusilamientos,
los compañeros muertos, los desaparecidos,
no nos han vencido”

El principal obstáculo del proceso era el Movimiento Obrero Organizado. El pleno empleo y la industria, sumado a la herencia y experiencia del peronismo, había constituido un sindicalismo fuerte, organizado, con una fuerte conciencia de clase, con cuadros capaces de crear un proyecto propio, Nacional y Popular para la Justicia Social y Liberación de la Patria. El pleno empleo y la industria – que se habían consolidado desde el 46 hasta esta época – había dado a los trabajadores argentinos excelentes estándares de vida, respaldados y garantizados por un Estado presente. Era por esto que, en las comisiones internas de cada fábrica o establecimiento, lejos de discutir problemas salariales o de condiciones laborales, los trabajadores discutían cuestiones un escalón más allá: el control obrero de la producción. El Movimiento Obrero llegaba a 1976 forjado al calor de la lucha de los 18 años de la Resistencia, coronada la con la victoria que significó para el campo popular argentino el retorno del General Perón. Los programas de La Falda y Huerta Grande, así como batallas épicas en que se depuso al orden represivo pro-oligárquico, como lo fueron el Cordobazo o el Tucumanazo, pusieron al sindicalismo argentino como punta de lanza de las fuerzas del campo del pueblo para la Liberación Nacional. Era el pueblo el que pasaba a la ofensiva. En cada fábrica, en cada establecimiento laboral, en cada universidad y en cada escuela, en cada barrio o sociedad de fomento, estaba viva y activa la práctica de la Comunidad Organizada.
Todo esto se llevó a cabo no sólo con la acción de los cuadros militares que subordinaban al Ejército a los dictámenes Plan Condor, sino con la clara complicidad de civiles, particularmente las cúpulas empresarias de la industria. Fue así que esta fracción del empresariado local (mayormente gerentes locales de grandes corporaciones transnacionales), no sólo que cooperaban con los grupos de tareas, sino que los proveían de logística e información: entregában autos y camiones, incorporaban como personal en sus empresas a agentes de la inteligencia, entregaban listas con nombres, apellidos y direcciones, etc. Sólo por poner un ejemplo, en el primer año del proceso, desaparecieron más de 220 afiliados de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la mayoría ligadas a empresas del Grupo Techint. Así como más de 50 obreros y delegados de SMATA en Fiat, Ford, Mercedez-Benz, secuestrados y desaparecidos en los primeros dos meses. Otro caso de obscena complicidad entre las patronales y el aparato represivo del Estado dictatorial fue el apagón del Ingenio Ledesma en Jujuy, en que se cortó la luz de todo el pueblo y se secuestró a más de 400 obreros, estudiantes y profesionales, entre ellos el intendente de Libertador Gral. San Martin, Dr. Arédez, y se los trasladó (con móviles dispuestos por la empresa) a los galpones del Ingenio para permanecer secuestrados y ser torturados.
La represión no fue solamente directa, es decir, a través de los métodos ya descritos, sino también disuasiva. Los militares y la policía montaban una puesta en escena a la entrada de las grandes fábricas, universidades y barrios, para pesquizar e intimidar a la población.
Junto con el paquete del proceso, vinieron recortes de derechos laborales, reducción de medidas de seguridad e higiene – con lo que aumentaron los accidentes laborales –, despidos en masa, cierre de fábricas y talleres, reducciones salariales y ajuste sobre el gasto público. Se cerraron e intervinieron numerosos sindicatos, así como la CGT. La clase capitalista local pretendía aumetar su productividad y ganancias a costa de cercenar derechos laborales y recortar salarios. Necesitaron un golpe de Estado y una brutal represión para poder imponer por la fuerza el retroceso de los derechos conquistados con la lucha obrera en la Argentina desde principios del siglo XX.
Según datos de la CONADEP, de los aproximadamente 30 mil compañeros detenidos desaparecidos, el 63% de los detenidos desaparecidos eran trabajadores: 30% obreros de fábricas, 18% empleados de oficinas o del Estado, 11% cuentapropistas profesionales (médicos, abogados, etc) y 6% docenes. A esto, debemos sumarle estudiantes y militantes y activistas barriales. Un verdadero plan de exterminio planificado desde el imperialismo y lo más recalcitrante de las oligarquías locales.
Había dos puntos para comprender la coplicidad entre empresas y represión: en primer lugar, la necesidad de los patrones de incrementar el grado de eplotación de los trabajadores, que sólo podía obtenerse por medio de la baja en los costos laborales. Esto equivalía a cortar de raíz cualquier intentona sindical, por hacer respetar los convenios colectivos y la dignidad del trabajador. En segundo lugar, la política represiva y la anulación de todo movimiento social de oposición era la precondición para la implementación de un modelo económico basado en un nuevo modo de acumulación, centrado en la especulación financiera. Las empresas serían beneficiadas de ese nuevo modelo económico, a través de leyes de beneficios y subsidios localizados, la total liberalización del mercado (de bienes y financiero), la desregulación de las importaciones, las rebajas impositivas y la transferecia criminal de la deuda privada al Estado.
La resistencia se hizo feroz entre los años 79 y 82. La CGT toma la bandera de lucha y pasa a la acción. Las experiencias de la CGT-Brasil y el liderazgo del dirigente cervecero Saúl “el Tata” Ubaldini fueron fundamentales para demostrar que los trabajadores en la Argentina estaban todavía en condiciones de dar la pelea. A pesar de los desaparecidos y la persecusión feroz que se desató sobre el sindicalismo, entre el 79 y 80 se dieron más de 4000 conflictos laborales, y fábricas enteras entraron en conflictos prolongados.
Las políticas económicas de liberalismo a ultranza habían llevado al cierre de numerosas fábricas y establecimientos de todo tipo, dejando en la calle a miles de trabajadores, lo que agudizó las protestas, huelgas y movilizaciones.
Pese a los intentos del gobierno del Gral. Videla de desviar la atención pública con el mundial de fútbol, la lucha continuó. En el año 79, un grupo de 25 sindicatos reconstituyen la CGT, con sede en la calle Brasil, del barrio porteño de Constitución, y nombran como secretario general a Saúl Ubaldini.

“... ha llegado la hora histórica en que, deponiendo con la grandeza que las circunstancias exigen, todo interés de grupo o sector, nos econtramos nuevamente reunidos hacia el logro de un solo objetivo, la vigencia plena de la Confederación General del Trabajo.”
Declaración de la CGT-Brasil

La situación local era ya insostenible. Sólo en el Gran Buenos Aires, eran más de 200.000 los trabajadores que habían caído en el desempleo y se acercaban a los 15.000 los cesanteados. Fábricas y talleres de todo tipo habían caído en la quiebra rotunda, producto de las políticas neoliberales aplicadas por Martínez de Oz.
El año 81 no sólo encontraba a la cúpula militar en crisis interna, por disputas entre sus conductores, sino que además el mismo Movimiento Obrero estaba ya a la ofensiva. Las medidas de fuerza se acentúan: huelgas, ocupaciones de fábricas, movilizaciones, manifestaciones y dos paros nacionales de SMATA fueron coronados por una nueva huelga general de la CGT. La consigna era recuperar el aparato productivo, los niveles de salario previos a 1976 y la plena vigencia del Estado de Derecho. Hubo réplicas de la huelga en todo el país.
El 7 de Noviembre de 1981, se produjo la histórica marcha a la Iglesia de San Cayetano, en el barrio de Liniers de la Ciudad de Buenos Aires. La encabezaba la CGT, con Ubalidini a la cabeza, y adhirieron numerosos partidos y espacios políticos. La consigna era Paz, Pan y Trabajo. El comunicado oficial de la central obrera denunciaba “el fracaso total y absoluto de la pretendida gestión gubernamental del llamado Proceso” y proponía “una movilización popuar para acelerar el llamado a elecciones ya que de nada valen los cambios de persona, pues lo que el país reclama es una revisión profunda de la filosofía actual.”.
Acercándose ya el fin de la dictadura, y antes del desembarco de las FF.AA. en las Islas Malvinas, la CGT combativa realizó un acto multitudinario en Plaza de Mayo, al que se calcula que asistieron alrededor de 200.00 manifestantes para exigir el fin de la dictadura y el retorno de la democracia.
Después de la Guerra de Malvinas, los años 82 y 83 fueron de feroces enfrentanmientos con las fuerzas del Estado, en que, la CGT-Brasil y los sindicatos dialoguistas que ocupaban el histórico edificio de Azopardo 802, confluyeron en manifestaciones multitudinarias que eran brutalmente reprimidas. El descontento social iba en aumento, y todos los sectores hacían oir su bronca acompañando en la calle las manifestaciones.

La vuelta de la democracia

Haber recuperado finalmente la democracia no fue un logro gratuito. La vuelta al sistema democrático no se logró por la buena voluntad de la Junta Militar o de la habilidad política de ciertos funcionarios, sino con la constante presión del campo del pueblo, unido y movilizado con un único objetivo: recuperar la libertad del pueblo, oprimido por los intereses del capitalismo foráneo.
Tras ocho años de huelgas y manifestaciones, tras cientos de miles de trabajadores que cayeron en el desempleo y la pobreza; después de haber pasado detenciones, secuestros, torturas, fusilamientos, proscripciones. Con 30.000 compañeros menos, los argentinos recuperamos la democracia.
No obstante, recuperar la democracia, no debe ser un fin en si mismo. Los años que siguieron, si bien fueron democráticos, fueron igualmente nefastos. No en ya materia social, pero si en materia política y económica. Es decir, si bien el pueblo votaba candidatos, quien gobernaba era el Mercado, cuyas decisiones y políticas distaban mucho de la voluntad popular para liberación y siguieron sometiendo a nuestro país a los designios coloniales del capital global. Es así que, si bien ya no había desaparecidos y torturados, fueron miles los que cayeron en la desidia, el desempleo y la probreza extremas, forzadas por la profundización del neoliberalismo instalado por la dictadura.

Que el ejemplo de los compañeros que lucharon durante los años más oscuros de nuestra historia, nos sirva para hoy retomar sus banderas. Que nuestra organización y lucha se profundice con propuestas, con debate democrático con todos los sectores del campo nacional-popular: el movimiento obrero, los estudiantes universitarios y secundarios, los movimientos barriales, los profesionales y técnicos, etc. Que de este debate e intercambio democrático y plural emerja el Programa propio del campo popular para enfrentar a los intereses del capitalismo foráneo y sus sirvientes oligárquicos y entreguistas locales.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Jose Alonso, Perón le escribía una carta....









José Alonso (Buenos Aires en el barrio de Montserrat, 6 de febrero de 1917 - Buenos Aires en el barrio de Belgrano 27 de agosto de 1970) fue un sindicalista y político argentino. Era hijo de un sastre de origen español, y desde joven se dedicó a la misma profesión.

Señor Don José Alonso                                                                                      16 de noviembre del 1965


Buenos Aires


Mí querido amigo:

He recibido su informe del 30 de octubre y el que lo completa con fecha 2 de noviembre próximo pasado. Muchas gracias por todo. Veo que las cosas marchan en la misma dirección y con el mismo ritmo. Eso es un indicio bueno porque como dicen los franceses "pas de nouvelle est bon nouvelle". Sin embargo, aunque a mí no me preocupan las "puñeterías" políticas porque, afortunadamente, ya estoy por sobre de ellas, me interesa en cambio y mucho que no se dejen sentir sobre el prestigio del Movimiento. Parece mentira que hombres grandes y que uno cree sensatos, se porten como chiquilines, olvidando que para que los demás nos toleren, debemos nosotros comenzar por ser tolerantes.

El asunto interno provocado por el infantilismo dominante hay que terminarlo cuanto antes, porque de lo contrario me vería yo en la necesidad de intervenir para poner fin a los pretextos que nuestros enemigos tienen para seguir tratando de dividirnos mediante la campaña publicitaria, a la que damos motivo nosotros mismos por los procedimientos que se están adoptando. Es menester que los dirigentes se coloquen seriamente en la posición que les corresponde y que se dediquen a trabajar para el Movimiento y no para ellos, porque de lo contrario terminarán por desprestigiarse ante la masa que los observa y los juzga. Con dirigentes desprestigiados al frente no iremos a ninguna parte y terminaremos por anarquizar nuestras formaciones, con gran alegría de nuestros enemigos.

La fuerza del Peronismo ha sido precisamente por la circunstancia de ser una fuerza orgánica en un país que todo está en plena desorganización. Si nosotros no resistimos al afán anarquizante que domina en el Gobierno y las instituciones, poco tardará para que seamos lo mismo que ellos: una calamidad. Si tenemos en cuenta que la reacción está organizada y dispone de una fuerza, nos comenzaremos a percatar del peligro que nos amenaza. Yo no creo que todos los que se empeñan, dentro del Peronismo, en disociar, obran de buena fé, porque cualquiera se puede dar cuenta de este peligro que menciono. Los intereses personales y de círculo tienen su límite. Yo no me opongo a que los dirigentes se quieran encumbrar si tienen condiciones y lo merecen, pero ello no ha de ser a costa del prestigio ni de la eficiencia del Movimiento, como está ocurriendo.

Sobre la situación general veo, como Usted, que las cosas van bien encaminadas y me doy cuenta que el Gobierno está amenazado de muerte porque hasta han tenido el atrevimiento y la ingenuidad de pedirme "que le demos una mano". Se imaginará que, para que lleguen a eso, ha de ser porque están en los estertores finales. Por eso creo que hay que seguir apretando de toda manera y me pone frenético pensar que, cuando ello es preciso, nuestros dirigentes se pasan perdiendo el tiempo en sus porquerías en vez de ponerse a trabajar en serio por la causa que nos es común.

Leo todos los recortes de las publicaciones, en especial de "El Mundo" y "La Razón", para darme cuenta de lo que persiguen en su campaña de provocación. Por su lectura me doy cuenta que los Servicios de Informaciones desarrollan una campaña con un Plan preconcebido y el objetivo de disociarnos, para lo que utilizan los diarios y revistas con una evidente congruencia y unidad de acción, lo que resulta peligroso si, como hasta hoy, nuestros dirigentes se dejan prender en la campaña y producen desaguisados que no conducen a nada que no sea hacer el caldo gordo a nuestros enemigos. Los objetivos inmediatos están claros: poner enfrente a los gremialistas y los políticos peronistas; enfrentar a los dirigentes peronistas con Perón tratando de aprovechar a los "peronistas sin Perón"; anarquizar así las bases por la pérdida de prestigio de sus dirigentes; neutralizar la acción de la C.G.T. tratando de dividirla y destruirla a través de los sindicatos por una persecución sistemática; atraer a los dirigentes peronistas que se presten para efectivizar todo lo anterior y utilizar a Frondizi y su gente del MIR en la misma tarea.

Si nosotros no nos ponemos en claro y enfrentamos esta campaña con decisión y seriedad, nos van a dar una gran lección cuyas consecuencias serán una gran experiencia pero para cuando ya no tengamos nada que hacer. En mi concepto, en este momento, el Gobierno está en un peligro tal que recurrirá a cualquier arbitrio para salvarse pero, si lo logra, los que estaremos en peligro seremos nosotros si no somos capaces de comprenderlo y reaccionar en defensa de nuestro Movimiento. Por el camino que vamos, después de lo que acabamos de presenciar, no tendremos salvación si no nos sacamos de encima a los que evidentemente trabajan dentro de este plan enemigo y muchos en entendimiento con él. Tengo demasiada experiencia como para darme cuenta cabal que las cosas que está ocurriendo no son obra solo de las circunstancias fortuitas, sino que también intervienen cuestiones interesadas por procedimientos deshonestos.

Usted comprende que yo, en las circunstancias actuales, no puedo ni quiero nada, que no sea el bien de nuestro Movimiento. Miro las cosas desde una posición absolutamente ecuánime y equidistante de todo lo que pueda ser intereses personales y de círculo porque no me anima otro interés que el de conjunto. Estoy a una altura de la vida en que solo el patriotismo y el bien de nuestra causa pueden impulsarme y cuando digo cuanto antes he dicho, lo hago con la persuasión más absoluta de que "algo está podrido en Dinamarca". Si no sacamos este tumor a tiempo, nos va a dar mucho que hacer. Los equivocados suelen tener remedio si son medianamente inteligentes como para comprenderlo, pero los traidores no tienen más remedio que alejarlos cualquiera sea el precio que haya que pagar por ello. Los grandes males solo curan con grandes remedios.

La tarea de higiene local debe estar a cargo de los propios dirigentes que están con las manos en la masa. Está llegando la hora decisiva y en élla no debemos tener traidores en el Movimiento porque esos pueden ser nuestra perdición. Muchos suelen decir que la masa está firme y que no responde más que a Perón, pero Usted sabe que eso es relativo, desde que Perón no puede desde aquí conducir la masa si no dispone de dirigentes honestos y capaces. Uno solo de ellos que defeccione, por incapacidad o por traición, es suficiente para hacernos fracasar cualquier cosa. En la campaña que el Gobierno desarrolla para disociarnos está la propia evidencia de cuanto le vengo diciendo: ¿quién es el que informa al periodismo enemigo de cuanto ocurre en las reuniones secretas de los organismos? Usted comprende que solo puede hacer esto el que esté en la traición. Luego hay traidores. Todos deben saber quienes son.

En cuanto a la acción de los militares, ya sean azules, como gorilas o violetas, no tengo mucha fé por ahora. Los azules porque no se animarán a sacar las fuerzas a la calle y los demás porque carecen de fuerza y tampoco querrán jugar una carta que dé motivo a los azules para intervenir en defensa de la legalidad. Sin embargo, existe un "entourage" de radicales de Balbín, conservadores, gorilas y marinos, que están agazapados en espera de la oportunidad: esos son los más peligrosos si, como espero, el Gobierno de Illía cae solo por inoperancia culposa. Hay en todo esto algo que no está claro. Aparentemente el Gobierno, compuesto de radicales de Illía y gorilas, está colocado evidentemente frente los azules de Onganía. Los radicales de Balbín, marinos, conservadores y gorilas organizados y con Comandos Civiles, observan lo que pasa y solo aparecen de cuando en cuando unos pocos, aunque sabemos que la organización existe. ¿Qué está entonces pasando?

En estos momentos el Peronismo necesita un verdadero Comando de Operaciones para informarse, apreciar, resolver y realizar lo que sea necesario para enfrentar a todas estas organizaciones de la manera más efectiva, con unidad de concepción y de acción, con una planificación perfecta de objetivos claros y precisos, que nos permita pensar que frente a un enemigo activo, nosotros también disponemos de una actividad permanente. En cambio, por lo que se vé, disponemos de un organismo de conducción que pierde su tiempo en declaraciones intrascendentes e inoperantes que, "por casualidad", favorece también a los planes de los enemigos y dentro del cual hay personas que se encargan de informar a ese enemigo sobre las cosas que se tratan y las estupideces que se dicen para que ellos puedan sacar la mayor ventaja para su empeño. ¿No le parece, querido Alonso, que así las cosas no pueden seguir?

No es que yo me amargue, como dice Usted, porque ya soy en estas cosas una suerte de fakir, pero me interesa que llamemos las cosas por su nombre, ya que no nos vamos a estar tirando la suerte entre gitanos. Todos sabemos lo que está pasando: hay ambiciones, que yo las justifico, las acepto y las encomio porque con hombres sin justas ambiciones, no iremos a ninguna parte. De manera que lo malo no está en que los dirigentes ambicionen sino en las formas de ejecución con que esos dirigentes quieren satisfacer esas ambiciones. Yo le entregaría hoy mismo el Movimiento Peronista a un dirigente que me pudiera asegurar que no lo destruiría y sería obedecido por la masa porque, como imaginará, ya estoy en condiciones de jubilarme, para ocuparme de otras cosas muy importantes que tengo entre manos como el "Movimiento de Liberación Latino Americano" que se encuentra en plena marcha. Con las manos libres y sin la persecución de los embajadores argentinos, podría viajar tranquilo y realizar una obra continental que me tiene entusiasmado. Si ya no he anunciado mi retiro de la política activa en mi país, ha sido porque pienso que todavía soy indispensable para mantener la cohesión de nuestro Movimiento. Que más querría yo que apareciera un hombre que me reemplazara o que el Movimiento se institucionalizara en garantía de un futuro mejor.

El viaje de Isabelita sé que ha sido de un éxito extraordinario en las provincias porque he recibido cartas a montones en las que me relatan los compañeros de Córdoba, Mendoza, San Juan, Tucumán y Chaco. Su misión ha sido precisamente ésa: levantar un poco el ánimo, que lo presentía un poco decaído en todas partes. Si ha llenado su objeto me doy por satisfecho.

Me alegro mucho que a su Señora esposa le haya ido tan bien en la operación y le ruego que le haga llegar, junto con mi saludo más afectuoso, mi enhorabuena por ello. Lo mismo que haga llegar mis saludos a los pibes.

Espero y anhelo que las cosas de la C.G.T. sigan bien y metiendo. Un agente de Illía llegó hasta aquí y con el Embajador Argentino en Madrid tomaron contacto conmigo. Me preguntaron qué había que hacer para arreglar la situación. Yo les contesté que, en mi concepto, todo lo ocurrido había sido provocado por ellos y que debían proceder cuanto antes: primero, a dejar sin efecto las inconsultas medidas tomadas con los gremios y la C.G.T. y, segundo, sacar del Gobierno a los agentes gorilas de provocación que, como el Ministro de Trabajo, están saboteando desde dentro del Gobierno mismo la marcha. Quedaron en comunicarlo. No sé si lo habrán hecho.

Saludos a todos los compañeros de la C.G.T.

Un gran abrazo.

Juan Perón

viernes, 31 de enero de 2014

Jorge Cafrune, un trágico accidente...


Jorge Antonio Cafrune (Perico, provincia de Jujuy, 8 de agosto de 1937 - † Tigre, provincia de Buenos Aires, Argentina, 1 de febrero de 1978), apodado "el Turco", fue uno de los cantantes folclóricos argentinos más populares de su tiempo, además de un incansable investigador, recopilador y difusor de la cultura nativa.


El 31 de enero de 1978, a modo de homenaje a José de San Martín, el popular folklorista argentino Jorge Cafrune emprendió una travesía a caballo para llevar a Yapeyú, lugar de nacimiento del libertador. Esa noche, a poco de salir, fue embestido a la altura de Benavídez por un rastrojero (camioneta) conducida por un joven de 19 o 20 años, Héctor Emilio Díaz. Cafrune falleció ese mismo día a la medianoche. Si bien se cree que se habría tratado de un asesinato planificado por parte de la Dictadura Militar, el hecho nunca fue esclarecido completamente y quedó sólo como un accidente

Angel Borlenghi, ministro de Perón...


Ángel Gabriel Borlenghi (1 de febrero de 1904 - 6 de agosto de 1962) fue un destacado sindicalista y político argentino. Fue secretario general de la Confederación General de Empleados de Comercio y Ministro del Interior. De ideas socialistas, apoyó a Juan D. Perón y fue el segundo hombre en importancia dentro de su gobierno. Tuvo una destacada actuación como dirigente sindical entre los años 1930 y 1945. Ideológicamente Borlenghi adhería a las ideas socialistas y era un activo y destacado afiliado del Partido Socialista.

En los primeros años de la década del '30 Borlenghi fue elegido secretario general de la Confederación de Empleados de Comercio, uno de los sindicatos más importantes del país.
Desde ese cargo, estableció relaciones estrechas y formas de acción conjunta con otros sindicatos en actividades afines, como los de bancarios, seguros, viajantes de comercio y empleados de farmacias, para impulsar un amplio reclamo al Congreso Nacional para sancionar una ley de contrato de trabajo. Luego de una extensa lucha, el movimiento obtuvo la sanción de la ley 11.729 de contrato de trabajo en el sector servicios, la ley laboral más importante de la Argentina hasta 1974. Ese éxito lo colocó como uno de los dirigentes sindicales más importantes del país, junto con José Domenech y Francisco Pérez Leirós.
Cuando en 1942, la CGT se dividió en CGT Nº1 y CGT Nº2, Borlenghi integró el segundo grupo, junto con la mayoría de los sindicatos comunistas. En 1943 cuando se produjo el golpe de estado que derrocó al gobierno fraudulento de Ramón S. Castillo, a pesar de que el gobierno militar había disuelto la CGT Nº2 a la que pertenecía, Borlenghi condujo el grupo sindical que estableció contactos primero y una alianza después con un sector del ejército que simpatizaba con los reclamos obreros, conducido por el entonces coronel Juan Perón.
La alianza entre Perón y Borlenghi permitió simultáneamente ir sancionando históricas conquistas del movimiento obrero argentino (convenios colectivos, Estatuto del peón de campo, jubilaciones, etc.), aumentar el apoyo popular a la CGT y a Perón, e ir ocupando espacios de influencia en el gobierno.
En octubre de 1945, cuando Perón fue obligado a renunciar y luego detenido, Borlenghi y la CGT desempeñaron un rol importante en la organización de las movilizaciones obreras que culminarón con su liberación el 17 de octubre de 1945.

San Miguel de Tucumán, 9 de julio de 1947, el Ministro del Interior, Ángel Borlenghi lee la declaración de la independencia económica.
Ante la posición contraria a la candidatura de Perón del Partido Socialista, Borlenghi se separa del mismo y contribuye a organizar con los demás sindicatos el Partido Laborista que constituyó la base principal de apoyo de Perón para las elecciones del 24 de febrero de 1946, donde triunfó con el 54% de los votos. En el Partido Laborista Borlenghi era director del periódico oficial, El Laborista. Más adelante encabezaría el grupo partidario de su disolución para integrarse al Partido Peronista.

Una vez elegido, y como consecuencia de ese apoyo, Ángel Borlenghi fue nombrado por Perón como Ministro del Interior, segundo cargo político de importancia del gobierno, en el que se mantuvo casi hasta el final de su gobierno.

Se cumple hoy el 20º aniversario de la creación del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA)

MTA: Lucha contra el neoliberalismo

Se cumple hoy el 20º aniversario de la creación del Movimiento de Trabajadores Argentinos (MTA) conducido por Hugo Moyano para defender los derechos de los trabajadores frente al avance neoliberal del menemismo. Esta corriente interna de la CGT se constituyó para enfrentar la entrega del patrimonio nacional por parte del menemismo y la pérdida de puestos de trabajo y derechos laborales. Junto a Hugo Moyano estaban Juan Manuel “el Bocha” Palacios y Saúl Ubaldini, como máximas figuras de un conjunto de organizaciones gremiales que no estaban dispuestos a subordinarse al poder de turno. El MTA fue la máxima expresión de resistencia a la dictadura financiera del menemismo en defensa del conjunto de los argentinos, cuando varios habían claudicado, se habían quebrado y subordinado al poder hegemónico.



Luego de asumir como presidente, Menem intentó de varias formas alejar a Ubaldini de la conducción de la CGT y tras varios fracasos buscó fracturarla. El 10 de octubre de 1989 se lleva adelante en el Teatro San Martín el Congreso de la CGT para elegir autoridades. De un lado estaban los dirigentes gremiales que durante la campaña presidencial habían conformado el Movimiento Sindical Menem Presidente (MSMP), es decir, Luis Barrionuevo (gastronómicos), Delfor Giménez (textiles), Carlos West Ocampo (sanidad), Jorge Triaca (plástico), Gerardo Martínez (UOCRA), Juan José Zanola (bancarios), a los que se sumaban los ex renovadores José Pedraza (Unión Ferroviaria), Roberto Digón (tabaco) y Güerino Andreoni (comercio). Muchos de ellos serían luego funcionarios durante el gobierno de Menem: Triaca (Ministro de Trabajo), Barrionuevo (interventor del INOS), Digón (Subsecretaría de Trabajo y Seguridad Social) y Martínez (jefe de Gabinete del Ministerio de Trabajo). En oposición estaban los empleados estatales (ATE), Camioneros, la UTA, la CTERA, Judiciales, trabajadores telefónicos, el SUPE, Obras Sanitarias, papeleros, molineros y farmacéuticos. Y Ubaldini tenía además el apoyo de la UOM (Lorenzo Miguel). En tanto que SMATA, UPCN, Luz y Fuerza apoyaban al grupo menemista. Sin poder acordar una lista de unidad, la elección se desarrolla y el sector de Ubaldini se retiró del Congreso denunciando irregularidades. A pesar de las denuncias el Congreso designó al frente de la CGT a Andreoni. Así Ubaldini no reconoció el resultado y anunció que no renunciaría y que cumpliría su mandato hasta el 7 de noviembre de 1990. Esto originó que se conforme la CGT Azopardo (Ubaldini) y la CGT San Martín (Barrionuevo), la cual sería reconocida por el gobierno. El 21 de marzo de 1990 la CGT Azopardo realizó el primero paro general con movilización a Plaza de Mayo. De todas formas el menemismo avanzaba en la aplicación políticas neoliberales y había encontrado en la CGT San Martín a dirigentes dispuestos a inmovilizar a los trabajadores para que el Consenso de Washington y los dictados del FMI no tuvieran oposición. El ministro de Economía, Domingo Cavallo, cumplía con las recomendaciones de Estados Unidos y nuestro país era subordinado por completo a la política del capital transnacionalizado.

El enfrentamiento con la política menemista se cristalizó en las elecciones a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 1991, en las que Ubaldini se presentó como candidato a gobernador llevando en la lista a Hugo Moyano y Héctor Recalde como candidatos a diputados nacionales. El líder sindical fue derrotado en las urnas por Eduardo Duhalde. Luego vendría la Convetibilidad, la privatización de Somisa donde quedaron 6244 trabajadores en la calle, la privatización del sistema previsional, la privatización de la seguridad laboral, la rebaja de los aportes patronales y la ley de Reforma del Estado, entre otras. Es así como frente a la complicidad de la conducción de la CGT surge, el 5 de marzo del 93, la UGTT (Unión General de Trabajadores del Transporte) bajo el liderazgo de Palacios y Moyano. El 26 de enero del 94 aparece un comunicado de prensa de la UGTT firmado por Juan Manuel Palacios, Hugo Moyano y Ernesto Jaime, que expresa: “…la UGTT se separa de la CGT por la reivindicación de los derechos del trabajador”. Estos fueron los primeros pasos para conformar una organización alternativa e independiente del poder político. Así, Palacios y Moyano comenzaron a conversar con todos los gremios que no acompañaban al Gobierno. De esta forma el MTA se integró con los sindicatos: UTA, Camioneros, Dragado y Balizamiento, Judiciales, trabajadores de algunos gremios de Aerolíneas Argentinas, la Asociación de Agentes de Propaganda Médica, FATIDA, SADOP, SATSAID, FATPREN, FOEIPCQ, UOMA, AEFIP y SUP.

El acto de presentación se realizó en el Salón Eva Perón en la sede de la UTA. En el documento fundacional se convocaba a “intensificar la defensa de los intereses de los trabajadores” que se haría sobre la base de la Justicia Social. La propuesta era reconstruir con unidad la organización que refleje la fe y la esperanza para todos los trabajadores con la lealtad y la honestidad de sus dirigentes, identificados con la lucha de la clase trabajadora. La impronta que tendría el MTA sería la movilización y la articulación con otros sectores de la sociedad comprometidos con la defensa de los intereses nacionales. Se proponía, en fin, luchar sin vacilaciones contra el modelo económico instalado en nuestro país luego del fallecimiento del general Perón.

Con espíritu movimientista, el MTA se conformó con una estructura flexible, democrática, una conducción colectiva, órganos representativos y mucha participación y debate. Tuvo un alcance nacional y federal. Esto permitió un desempeño muy dinámico y demostró una gran capacidad de convocatoria en las movilizaciones. A los pocos días de haberse fundado, con Moyano, Palacios, Mujica y Ubaldini a la cabeza, el MTA apoyó la movilización de los trabajadores tabacaleros en Salta. Luego viajaron a Tierra del Fuego donde también fueron bien recibidos, y posteriormente llegó el turno de Corrientes donde se reunieron con dirigentes gremiales de Formosa, Misiones y Chaco. La expectativa que generaba este grupo de dirigentes en cada una de las provincias que visitaban era muy grande. Luego de mucho tiempo, compañeros de todos los rincones del país se sentían contenidos en un proyecto de escala nacional, con valores e ideales inquebrantables. También viajaron a Córdoba, justamente cuando en Buenos Aires la CGT estaba negociando la flexibilización laboral. Entonces, el MTA afirmó que Menem no era peronista y que se había ido del movimiento peronista cuando decidió no cumplir con lo que le había prometido al pueblo. En cada viaje al interior del país los dirigentes gremiales veían el panorama aterrador que había comenzado con la dictadura cívico-militar, continuado con el alfonsinismo y ahora profundizado con el menemismo: privatizaciones, apertura económica, desregulación, desmantelamiento de los ferrocarriles, abandono de las economías regionales, desempleo, subocupación, pobreza y marginalidad.

menem cgt

El MTA acompañó a los jubilados en sus reclamos cuando todos les daban la espalda, proponía alternativas al modelo económico y repudió la represión de trabajadores en Jujuy. Fue, en fin, la principal oposición al gobierno cuando muchos callaban. Asimismo, junto al MTA, también luchaba la CTA, otra fracción que se había desprendido de la CGT, pero que en este caso habían decidido crear otra central paralela. Liderada por Germán Abdala y Victor De Gennaro, la CTA y el MTA coordinaron acciones conjunto.

Desde marzo del 94 al frente de la CGT ya se encontraba Antonio Cassia (petroleros). La crítica situación en la que se encontraba el país impulsó protestas populares en varias provincias. El MTA impulsó la histórica Marcha Federal, que junto a la CTA, la Corriente Clasista y Combativa (CCC), organizaciones de jubilados y organizaciones políticas y sociales de todo el país, se movilizó durante diez días (3 al 12 de junio). 80 mil personas divididas en cuatro columnas (una partió de la Patagonia, otra del Litoral, otra del Noroeste y otra de Cuyo) convergieron en la Plaza de Mayo para el acto central. Ese día hablaron Víctor De Gennaro (CTA), Carlos “el Perro” Santillán (Nordeste), Guillermo Montero (Cuyo), Daniel Gómez (Patagonia), Daniel Nieto (FUA), Humberto Volando (empresarios) y el encargado de cerrar fue el compañero Hugo Moyano. Allí se expresó el mayor repudio a las políticas neoliberales del menemismo y se convocó a un paro general para el 2 de agosto.

Moyano fue amenazado de muerte y lejos de replegarse el actual secretario general de la CGT redobló su compromiso. A los pocos días fueron asaltadas la sede del SADOP, la sede del Sindicato de Músicos, la sede de la Unión Obrera Molinera Argentina donde además fue agredido el secretario general del gremio Carlos Barbeito, la sede de la Federación de los Trabajadores Cerveceros. En poco más de un año fueron 17 los atentados que sufrieron los dirigentes del MTA.

A fines del 94 se realizó en Córdoba el Congreso de Huerta Grande, con una gran participación y profundidad en el debate. El resultado fue la histórica “Declaración de Huerta Grande”, donde se realizó un diagnóstico de la acuciante realidad que sufría el país y se postulaba la transformación total de la estructura económica. Los puntos centrales era: 1) romper con la dependencia financiera de capitales especulativos y limitar a la apertura exportadora; 2) rearticular la producción agropecuaria en base a desarrollos regionales; 3) elevar la oferta de puestos de trabajo y la producción de cada puesto. Distribuir equitativamente producción y productividad; 4) acelerado desarrollo del sector exportador; 5) restablecer un sistema de relaciones laborales y de legislación social basado en el sistema protectorio del derecho del trabajo; 6) recuperación de un sistema provisional pensado en los trabajadores activos y jubilados y no en un mercado de capitales; 7) resguardo y saneamiento del sistema de Obras Sociales como pilar de un plan nacional de Salud; 8)defensa de la Educación pública, gratuita y pluralista, con rol protagónico del movimiento de los trabajadores; 9) recuperación del rol promotor y regulador del Estado como armonizador de las relaciones y en resguardo de los intereses de los ciudadanos, convocando a todas las fuerzas sociales a su participación efectiva en el logro de esta estrategia de producción para alcanzar una verdadera estabilidad con crecimiento y justicia social.

De todas formas, la lucha no alcanzó, y el gobierno obtuvo el 22 de diciembre media sanción de Diputados en la nueva ley laboral. En consecuencia el MTA se declaró en Estado de Alerta y Movilización. Asimismo, Menem logró la Reforma Constitucional y fue reelecto por un período más. Las huelgas generales convocadas por el MTA se sucedían y pese a ello, por recomendación del Banco Mundial, en 1996, el gobierno impulsó la flexibilización laboral, con el objetivo de enterrar los derechos consagrados por los gobiernos del general Perón y destruir la estructura sindical. El 18 de noviembre la CGT amenazó con una huelga general por tiempo indeterminado y el Gobierno tuvo que detener los cambios en la legislación laboral y negociar con una parte de los dirigentes sindicales. En 1997 la represión policial asesinó a la compañera Teresa Rodríguez, en Neuquén, lo que provocó movilizaciones. Unos meses después, en julio, el MTA junto a la CTA, la CCC y la FUA convocó a la Marcha Nacional por el Trabajo, que se desarrolló desde La Quiaca hasta Buenos Aires.

Fueron muchas las huelgas y movilizaciones organizadas por el MTA con el apoyo de vastos sectores de la sociedad en esos trágicos años. Hoy el compañero Hugo Moyano continúa luchando incansablemente en defensa de los derechos de los trabajadores y en contra de aquellos que pretenden avasallar las conquistas obtenidas estos años. Porque cuando nadie alzaba la vista, los que hoy conducen la CGT pusieron el cuerpo en defensa del conjunto de los argentinos con una mirada integral. 19 años después nos encontramos con que aquellos dirigentes socios y cómplices del menemismo hoy vuelven a ser los mimados del oficialismo. De un gobierno que fracturó la CGT para avanzar sobre los derechos adquiridos por los trabajadores como con la nueva ley de Riesgos del Trabajo sancionada el año pasado. Como en los ’90 el gobierno ha rodeado a algunos gremios de estructura pequeña de sindicatos con estructuras grandes como Comercio (Cavallieri), Luz y Fuerza (Lescano), West Ocampo (Sanidad) y UPCN (Rodríguez), entre otros, que son quienes conducen la política de la CGT Balcarce para que los trabajadores pierdan poder y capacidad de lucha.

La llama del MTA continuará siempre encendida porque los trabajadores nunca vamos a abandonar la lucha, porque como decía el general Perón: “Renunciar a la política es renunciar a la lucha, y renunciar a la lucha es renunciar a la vida, porque la vida es lucha precisamente”.