Mostrando entradas con la etiqueta caseros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta caseros. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de febrero de 2014

La matanza de Plaza Colón


La matanza de Plaza Colón fue un asesinato masivo cometido el 6 de febrero de 1906 en la ciudad de Antofagasta, Chile. En este evento fueron asesinados un número indeterminado de obreros que se encontraban en huelga general, mientras se encontraban reunidos en la plaza Colón.

La huelga, provocada por la solicitud emanada por parte de los caldereros del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB), en la cual solicitaban la extensión horaria del tiempo de almuerzo, en función a la realidad nacional, configurarían los hechos ocurridos en la plaza de la ciudad.
Un grupo de guardia civil instruido por el coronel Sinforoso Ledesma y aprobado por el intendente Daniel Santelices, en conjunto con un piquete de la marinería de la fragata blindada Blanco Encalada, se encargarían de reprimir el mitin sindical, matando a un grupo de trabajadores presentes en el evento.
Durante los años 1900 se inició la articulación de las mancomunales obreras en Chile. Por su parte, en 1903 se conformó la Combinación Mancomunal de Obreros de Antofagasta, que reunía a trabajadores portuarios. Era el inicio de la organización sindical en la ciudad.
Historia

Causas

A fines de enero de 1906, se organizó un movimiento social, impulsado por la Combinación Mancomunal de Obreros y liderado por la sociedad de resistencia de caldereros del Ferrocarril de Antofagasta a Bolivia (FCAB), quienes solicitaban cambios en la jornada horaria, mediante la ampliación del horario de reposo en 30 min más, sumado a los 60 min con los que ya contaban para comer. El motivo de la petición radicaba en que la mayoría de los empleados vivía en zonas periféricas de la ciudad, por lo cual el horario vigente de descanso no alcanzaba para ir a casa y volver al trabajo, motivo por el cual constantemente sufrían descuentos salariales producto de los atrasos.1 En cuanto al ajuste del horario laboral, no existía legislación al respecto, sin embargo la petición de ampliar el horario de descanso se condecía con la normativa nacional.
El 20 de enero de 1906 se realizó la elección de un comité encargado de elaborar una solicitud, para manifestar el petitorio ante los patrones. La circular fue enviada a los empleadores plegados en el movimiento social. La mayoría de los patrones aceptó la extensión del horario de descanso, excepto el FCAB. Pese a las reuniones sostenidas entre trabajadores y empresarios, el petitorio fue rechazado nuevamente.

Movilizaciones

Las mancomunales obreras reaccionaron ante la negativa y mediante una votación realizada el 29 de enero en la sede de la Gran Unión Marítima, se concluyó la realización de una huelga. El 30 de enero la ciudad amaneció paralizada. El 1 de febrero, una delegación de obreros se reunió con el gerente general del FCAB, para solicitar nuevamente la extensión del horario de almuerzo, siendo nuevamente rechazada la solicitud por parte del empleador. Al día siguiente, caldereros del FCAB vuelven a solicitar la extensión, ante lo cual el gerente general, Mapletón Hoskins, aceptó con la condición de extender la jornada de trabajo en 30 min más, algo que las bases del movimiento no aceptaron.1
El 5 de febrero, el libertario Alejandro Escobar decidió redactar una nueva circular, amenazando con radicalizar la postura del movimiento obrero: de no aceptar la petición, la sociedad de resistencia exigiría un aumento salarial de 20% y una jornada laboral de 8 h.1
El día 6 de febrero continuó la paralización, totalizando más de 4 000 adherentes.2 El movimiento obrero acordó comicios populares para ese día a las 17:00 h, mediante la realización de un mitin en la plaza Colón.1
A las 12:00 h, los obreros se movilizaron por las calles de la ciudad para organizar un mitin en la plaza Colón, provocando disturbios a su paso. Ante la situación, el intendente decidió prohibir la venta de bebidas alcohólicas y el uso de arma blanca o de fuego, además de prohibir el derecho a reunión, con la finalidad de establecer el orden público.

“En la mañana un grupo de huelguistas apedreó i después destrozó una maquina del ferrocarril sin que las fuerzas supiesen contenerlos. Mas tarde como a las 2, otro grupo de jente anónima que nunca falta en estos casos, asaltó una carreta cargada de cajones de cerveza i que pasaba por la calle Prat entre las de San Martín i Latorre”

El Comercio, 9 de febrero de 1906

Por su parte, ante el alzamiento obrero, comerciantes y empresarios se reunieron en el Club de la Unión para discutir las medidas a tomar, decidiento formar una Guardia del Orden. El acuerdo fue comunicado al intendente Daniel Santelices, solicitándose además la instrucción por parte del Regimiento 7° de Línea "Esmeralda" (bajo las órdenes de Sinforoso Ledesma) a cerca de 100 guardias civiles, quienes liderados por Adolfo Miranda, recibieron fusiles por parte del Ejército de Chile. El intendente aceptó la solicitud. Además, el intendente solicitó el desembarco de un piquete de la marinería de la fragata blindada Blanco Encalada,2 4 que se ubicó en la esquina del edificio de los Servicios Públicos.

Matanza

A las 16:00 h, el movimiento obrero se trasladó hacia la plaza. Ya a las 17:00 h, más de 2 000 huelguistas llegaron al mitin organizado en la plaza, para escuchar los discursos. Antes del término de los comicios populares, hizo su aparición la Guardia del Orden, lo que despertó la desaprobación por parte de los huelguistas.1 Tras un intercambio de consignas, el conflicto comenzó con los disparos por parte de la guardia, quienes dispararon desde la plaza y el Club de la Unión. Los obreros huyeron en dirección a la costa, encontrándose con el piquete de la marinería, los cuales creyendo ser atacados, abrieron fuego contra los huelguistas. La matanza duró aproximadamente 3 min, según informes de la prensa.2
El número de víctimas es controversial e incierto. Según informes de oficiales, 48 personas resultaron muertas,1 aunque testigos hablan de aproximadamente 300 personas. No existen registros oficiales por parte del Servicio de Registro Civil e Identificación ni tampoco por parte del Cementerio General de Antofagasta. Durante la noche, los cuerpos fueron levantados e inmediatamente trasladados al cementerio.

Consecuencias

El 7 de febrero se produjeron las secuelas de la matanza. Un grupo de personas persiguió y asesinó al inglés Richard Rogers (acusado por los huelguistas de formar parte de la Guardia del Orden), además de saquear e incendiar la tienda "La Chupalla", siniestro que también arrasó con el periódico "El Industrial". Posteriormente estos grupos continuaron quemando propiedades comerciales e instalaciones ferroviarias. El obispo Luis Silva Lezaeta ofició de mediador entre huelguistas y empresarios, sin lograr acuerdos en cuanto al petitorio.2 No obstante, el movimiento huelguista decidió deponer las movilizaciones el 8 de febrero, reintegrándose la totalidad de los trabajadores el 10 del mismo mes.

viernes, 31 de enero de 2014

Albino Arguelles, martir del movimiento obrero


Albino Argüelles (1896-1921), fue un dirigente socialista de las huelgas rurales patagónicas de 1921, conocidas como Patagonia rebelde.

Nació en Nueva Pompeya, un barrio de Buenos Aires, el 5 de febrero de 1896. Herrero de oficio, partició de los disturbios de la Semana Trágica de enero de 1919. En busca de empleo viaja a Puerto San Julián donde se convierte en el dirigente más importante de esa región.
Era el único dirigente socialista del movimiento, ya que el resto de los líderes eran anarcosindicalistas en su mayoría. Mantuvo muy buenas relaciones con el líder anarquista Ramón Outerello, con José Font alias "Facón Grande" y el secretario de la Sociedad Obrera de Río Gallegos, Antonio Soto, principal instigador del movimiento huelguístico.
Murió fusilado en la estancia San José. junto al paraguayo Jara y a Ledezma, por las tropas del teniente coronel Héctor Benigno Varela el 18 de diciembre de 1921.

1 de febrero de 1931 – Es fusilado en Argentina, Severino Di Giovanni

1 de febrero de 1931 – Es fusilado en Argentina, Severino Di Giovanni 

La historia de Severino Di Giovanni cuenta que era un joven maestro italiano de ideas libertarias, a quien el dictador Benito Mussolini (1883-1945) dejó cesante primero, encarceló después y finalmente expulsó de Italia. Como tantos otros antifascistas italianos, Di Giovanni y su familia -esposa y cuatro hijos- encontraron refugio en la Argentina. Pero él no se integró a nuestro medio sino que siguió siendo, ante todo, un italiano que quería volver a su patria por cualquier medio para derrotar al régimen fascista. Como buen anarquista que era, no aceptó formar parte del comité antifascista italiano en la Argentina -formado por liberales, socialistas y comunistas- porque pensaba que cualquiera de esas tres tendencias eran iguales al fascismo.
Aquí, en la Argentina, trabajó de tipógrafo y linotipista y comenzó a editar en italiano el diario "Culmine" a partir de agosto de 1925. Su primera entrada policial se originó cuando organizó un tremendo escándalo en el Teatro Colón, en oportunidad de la función de gala en homenaje al rey Vittorio Emanuele III (1869-1947), a la que asistían también el presidente Marcelo T. de Alvear (1868-1942) y el embajador italiano. En medio de la función se oyó el estridente grito de ¡muera el fascismo! seguido de una lluvia de volantes sobre el distinguido público de la platea. Se originó entonces una batalla campal contra Di Giovanni y el grupo anarquista que lo acompañaba. Los revoltosos recibieron un severo castigo y fueron detenidos. Allí quedó registrado Severino Di Giovanni, quien, al preguntársele por su ideología, contestó a la policía sin problemas: "soy anarquista".
Desde ese día comenzó un ciclo increíble de violencia. Di Giovanni participó en primera línea en los actos en solidaridad por el arresto y homicidio de Nicola Sacco (1891-1927) y Bartolomeo Vanzetti (1888-1927), los dos anarquistas italianos condenados a muerte en Estados Unidos. Los atentados con bombas contra empresas y oficinas norteamericanas se sucedieron día tras día. En las asambleas anarquistas, Di Giovanni proponía una y otra vez desatar una verdadera guerra en la ciudad. Además, para contar con los medios suficientes, comenzó con los asaltos a bancos, los que resultaron ser espectaculares, típicos de la década del veinte, con automóviles corriendo a toda velocidad y persecuciones a los balazos. También recurrió a la falsificación de dinero "para terminar con el Estado", ya que la lucha de los anarquistas no era para apoderarse del poder sino para eliminarlo, pretendiendo así que no hubiera nunca más alguien que mande y otro que obedezca.
En la tarde del 30 de enero de 1931, Di Giovanni -vestido con traje negro y sombrero de anchas alas- fue sorprendido a la salida de una imprenta, en la esquina de Callao y Sarmiento. Luego de una cinematográfica huida por las calles y los techos del centro porteño en la que la policía realizó unos cien disparos, asesinó una niña e hirió a varios transeúntes, fue atrapado herido en un garaje después de haber alcanzado a disparar cinco veces, para luego ser juzgado por un tribunal del Ejército y condenado a muerte. La alta sociedad se regocijó: al fin había caído ese insolente revolucionario. Para el juicio, el ejército designó al teniente primero Franco como su defensor. Cuando se entrevistó con Di Giovanni, éste le aclaró que como buen cristiano no pensaba mentir: "Jugué y perdí, como buen perdedor pago con la vida" le dijo. El teniente, impresionado por su valor, en su alegato planteó la incompetencia del tribunal militar para juzgar a un civil detenido, apeló al principio cristiano contra la pena de muerte, estableció que Di Giovanni había actuado en defensa propia y que había sido emboscado sin una declaración judicial. El tribunal enrojeció de furia contra el teniente Franco, quien más tarde fue envenenado en una cena de camaradería. Severino Di Giovanni y Paulino Scarfó- que había sido detenido junto a aquél-, fueron salvajemente torturados: con tenazas les aplastaron los testículos, les retorcieron la lengua y los quemaron con cigarrillos.
El fusilamiento fue todo un espectáculo al que concurrieron generales, funcionarios y los más encumbrados personajes del Buenos Aires de entonces, mientras una muchedumbre se agolpaba en las puertas de la prisión para escuchar las descargas del fusilamiento, como si fuera una función teatral. Severino Di Giovanni supo morir como había vivido. Sentado contra un paredón en el sector de la cárcel que daba a la esquina de Coronel Díaz y Las Heras (Chavango en aquella época), no quiso que le vendaran los ojos ni que lo ayudaran a caminar, a pesar de estar casi imposibilitado de hacerlo por las cadenas que le habían atado a los pies. Luego de lanzar su grito ideológico, recibió una descarga de ocho disparos. Un poco de humo que salía de su pecho marcó el sitio de los impactos. Su cara se contrajo en una mueca violenta de dolor. Una reacción muscular lo hizo levantarse un poco del banquillo para caer luego pesadamente hacia el costado izquierdo. El respaldo del banquillo saltó hecho astillas. Un gran charco de sangre inundó el asiento cayendo al suelo. Finalmente, un oficial le pegó el clásico tiro de gracia en la cabeza. Un día después, moría fusilado en el mismo lugar el joven anarquista Paulino Scarfó, quien lanzó el mismo grito de Severino, pero en castellano: ¡Viva la anarquía!
Los restos de Severino Di Giovanni reposan actualmente en el Cementerio de la Chacarita.

Expropiación del grupo Bemberg


El 4 de Febrero de 1955 (meses antes de que la Fusiladora asalte al gobierno democrático de Perón) se expropiaba el grupo "Bemberg" (dueño de lo que es hoy la Cervecería Quilmes). Fue quizás la nacionalización de esta empresa el proceso del conflicto más importante llevado adelante contra un conglomerado empresario en la Argentina.

Se la intento presentar como una venganza de Evita (la cual ya había fallecido) o como el antojo del poder concentrado que tenia Perón, pero en realidad el proceso se inicio en la década infame, en 1937, cuando ante una denuncia en los tribunales de justicia el gobierno nacional inicia un reclamo por la evasión del impuesto y la transferencia gratuita de bienes mediante la constitución de sociedades anónimas con residencia en el extranjero… los holding de esa época utilizaban esta forma para robarnos.
Después se paralizo el trámite pero no la condena de la opinión pública que lo convirtió en uno de los escándalos económicos de esa triste década.
Si bien Perón ensayó diversos instrumentos de contralor comercial y financiero de las grandes empresas, eludió la expropiación y la nacionalización de grandes sectores de la industria como la del cemento, los frigoríficos y, en gran medida, las compañías de electricidad, pero no dio igual trato a la empresa del Grupo Bemberg, ya que se habían convertido en un símbolo de la influencia política del poder económico antes del advenimiento de la Nueva Argentina.
Cuando en 1952 se sanciona la ley 14.122, (la que dispone la liquidación del grupo Bemberg) el estado adquirió las empresas a precios bajos y su Nacionalización permitió poner en marcha algunos de los objetivos más ambiciosos del peronismo en cuanto a la participación obrera.
Cuando la Libertadora en 1955 usurpa el poder se esperaba que todo volviera a manos de los Bemberg pero Aramburu no lo hizo, si por supuesto anulo los contratos pero a la Familia Bemberg no le devolvió nada.

Marta Taboada, desaparecida en Ciudadela


Marta Angélica Taboada de Dillon (Salta, 5 de agosto de 1942 - Ciudadela, 3 de febrero de 1977) fue una maestra y abogada argentina, militante del FR-17 (Frente Revolucionario «17 de Octubre»).

Nació en la norteña ciudad de Salta, pero estudió en Buenos Aires. Egresó de un exclusivo instituto católico, el Colegio Francés, en calle Tres de Febrero y Pampa, en el barrio de Núñez, en el norte de Buenos Aires.
De tendencias demócrata-cristianas, se casó con un tal Dillon, presidente de la Rama Juvenil de la Acción Católica Argentina.2 Tuvo cuatro hijos, Marta, Andrés, Juan y Santiago Dillon.
Gradualmente fue radicalizándose. Su esposo la abandonó con sus hijos.2 En 1975, Taboada ―que estaba separada de su esposo― vivía con sus hijos en una casa que compartían con sus dos compañeros de militancia en el MR 17 (Movimiento Revolucionario Diecisiete de Octubre): su pareja Juan Carlos Negro Arroyo y Gladys del Valle Porcel de Puggioni ―cuyo esposo, Hugo Aníbal Puggioni, había sido asesinado por la Triple A en Buenos Aires en septiembre de 1974―, sobre la actual calle Joly, entre Centenario y De la Vega, en la zona sur de Moreno, a pocas cuadras de la estación ferroviaria, en el Gran Buenos Aires.7
Su hija mayor, Marta Dillon (1966-, actualmente periodista y militante) a los 9 años de edad ―según describe Laura Ramos en La niña guerrera (2010), un libro de relatos de no ficción―, Marta Dillon ya conocía técnicas para escabullirse de los grupos de tareas (que era el nombre que en esa época se le daba en Argentina a las patotas que secuestraban, torturaban y asesinaban a sindicalistas, maestros, luchadores sociales, etc.), tenía charlas políticas con las amigas revolucionarias de su madre, y hacía con Taboada viajes furtivos hasta Puerto Iguazú para sacar por la frontera a algún compañero. El último viaje fue en septiembre de 1976, al Uruguay, para sacar a Laly, la esposa del abogado y activista de los derechos humanos Eduardo Luis Duhalde (1939-2012), quien había escapado de Argentina un mes antes. Laly estaba embarazada de su cuarto hijo, Santiago, que nacería en España.
Hay una página de un libro que ella me regaló poco antes del final, está escrita con su letra y dice: «Para Martita, mi compañera, que está aprendiendo a sentir como propias las alegrías y las luchas del pueblo latinoamericano».
Marta Dillon (hija de Taboada)12
Durante la madrugada del 28 de octubre de 1976 ―cuando Taboada tenía 35 años de edad y estaba embarazada de dos mellizos de 7 meses―, una «patota» de servicios irrumpió en la vivienda, destrozó los muebles y se llevó a los tres adultos. El Negro Arroyo tenía 33 años y su novia Gladys Porcel ―que estaba embarazada de cinco meses―, 23 años de edad. Los seis niños, de distintas edades, fueron testigos del secuestro. Quedaron al cuidado de una chica de 16 años.7 Los hijos de Taboada se mudaron con su padre ―también abogado, de pasado peronista pero ya no militante―.
Alguien me contó una vez que en el campo de concentración donde pasaste tres largos meses, las mujeres ―para sentir que se vestían por la mañana (o por esa hora difusa que el encierro convertía en mañana― se cambiaban de ropa entre ellas. Esa anécdota te nombra, mamá.
Marta Dillon.
Fueron llevados al centro clandestino de detención Proto Banco, dependiente de la policía bonaerense. Marta Taboada y Gladys Porcel fueron posteriormente trasladadas al centro clandestino de detención El Vesubio, a pocos metros del primero.7 Debido a las torturas a las que sistemáticamente eran sometidos los secuestrados, las dos mellizas (niñas) de Taboada murieron en el parto.
Marta Taboada y Gladys Porcel fueron fusiladas con otros compañeros desaparecidos a las 2:05 de la madrugada del 3 de febrero de 1977, en la esquina de las calles Santamarina y Chubut, en la localidad de Ciudadela, 23 cuadras al oeste de la avenida General Paz, en el Gran Buenos Aires.7 El Negro Arroyo fue asesinado junto al dirigente sindical del gremio de farmacia Jorge Di Pascuale en el transcurso de febrero de 1977. Todos fueron enterrados en una fosa común en el cementerio del partido de Avellaneda. El periodista Rodolfo Walsh (1927-1977), dejó inmortalizados estos hechos en su Carta abierta de un escritor a la Junta Militar que dio a conocer el 24 de marzo de 1977, al cumplirse el primer aniversario del golpe de Estado que había inaugurado la dictadura cívico-militar. Fue asesinado ese mismo día.

Camilo Torres Restrepo, el cura guerrillero


Vida de Camilo


Jorge Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá el 3 de febrero de 1929. Sus padres fueron Calixto Torres Umaña, prestigioso médico, e Isabel Restrepo Gaviria. De familia acomodada, burguesa y liberal. Vivió junto con su familia en Europa, entre 1931 y 1934. En 1937, el matrimonio se disolvió, y Camilo pasó a vivir con su madre y su hermano Fernando. 

Se graduó como bachiller en el Liceo Cervantes en 1946. Luego de estudiar un semestre de derecho en la Universidad Nacional de Colombia, ingresó al Seminario Conciliar de Bogotá, donde permaneció siete años, tiempo durante el cual Camilo se comenzó a interesar por la realidad social, creando un círculo de estudios sociales, junto con su compañero Gustavo Pérez. Como cristiano, se sintió atraído por el tema de la pobreza y la justicia social. 

Camilo se ordenó como sacerdote en 1954, y luego viajó a Bélgica a estudiar sociología en la Universidad de Lovaina. Durante su estadía en Europa, hizo contacto con la Democracia Cristiana, el movimiento sindical cristiano, y con los grupos de resistencia argelina en París, factores que lo llevaron a acercarse a la causa de los oprimidos. Fundó con un grupo de estudiantes colombianos de la universidad el ECISE (Equipo colombiano de investigación socioeconómica)

En 1958 se graduó como sociólogo con el trabajo “Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá” (publicado en 1987 como “La proletarización de Bogotá”), que fue uno de los pioneros en sociología urbana del país. En 1959 regresó a Bogotá y fue nombrado capellán de la Universidad Nacional. Allí, junto con Orlando Fals Borda, fundó la Facultad de Sociología en 1960, a la que estuvo vinculado como profesor.

Sus investigaciones sociológicas iniciadas con su tesis de grado lo llevaron a familiarizarse con las estructuras sociales tanto urbanos como rurales. Fundó el Movimiento Universitario de Promoción Comunal (MUNIPROC), y desarrolló trabajos de investigación y de acción social en barrios populares y obreros de Bogotá, como el barrio Tunjuelito. Como capellán, introdujo en Colombia muchas de las reformas del II Concilio Vaticano, como dar la misa de frente y no de espaldas, y decirla en español y no en latín. Pregonó que el problema no era rezar más sino amar más.


En 1961 empezó a tener problemas con el cardenal Concha Córdoba, quien no veía con buenos ojos las labores de Camilo. La situación fue tornándose espinosa, hasta que el prelado lo destituyó de su cargo de capellán, de los trabajos académicos y de las funciones administrativas que tenía en la Universidad Nacional. 

Colaboró con la investigación dirigida por Germán Guzmán, publicada como “La violencia en Colombia” (1962, segundo tomo 1964). En 1963 presentó el ensayo “La violencia y los cambios socioculturales en las áreas rurales colombianas”, en el primer Congreso Nacional de Sociología. Hizo parte del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (INCORA) y la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP). Presionado por el alto clero, en 1965 renunció al sacerdocio.

Ese año, planteó una plataforma para un movimiento de unidad popular, gestando así a la fuerza política “Frente Unido del pueblo”. Desarrolló numerosas manifestaciones y actos públicos, y publicó el semanario “Frente Unido”. Igualmente hizo contacto con el Ejército de Liberación Nacional, conformado en 1964, con el que acordó la continuación de la agitación política en las ciudades, y su posterior ingreso a la organización cuando se considerase necesario.

El segundo semestre de 1965 Camilo trabaja en el impulso al Frente Unido y en la publicación del semanario del movimiento (el “Frente Unido”). Camilo llenó las plazas públicas y tuvo un vertiginoso ascenso político. Ratificó el abstencionismo como posición revolucionaria. 

Luego del hostigamiento y la persecución estatal, se vinculó en noviembre al ELN, y lanzó la “Proclama a los colombianos”. En su primer combate, el 15 de febrero de 1966, murió en combate en Patiocemento, Santander. Sus restos mortales fueron sepultados en algún lugar clandestino, desconocido hasta el momento.



Pensamiento político

Camilo formó parte de una iglesia contestataria internacional que se desarrolla en la década de 1960, convirtiéndose en una de sus figuras principales. El cristianismo bien entendido suponía, para Camilo, la creación de una sociedad justa e igualitaria. Esto lo tradujo como la obligación de hacer una profunda revolución, que despojara del poder a los ricos y explotadores (la oligarquía), para darle paso a una sociedad socialista. 

Los principales planteamientos de Camilo Torres pueden sintetizarse en las siguientes ideas en torno a la situación nacional: para transformar el país y lograr el bienestar de la clase popular es necesario liberar al país del imperialismo norteamericano y de la oligarquía que sirve a sus intereses; es necesaria la fusión, la movilización y la vinculación de los sectores pobres de la población a la lucha por la construcción de un nuevo Estado. Por esto, debe generarse la unidad del movimiento revolucionario y opositor, aglutinando a las masas oprimidas del país; debe tenerse la convicción de llevar la lucha hasta el final afrontando todas las consecuencias; y por último, los cristianos no solamente tienen la posibilidad de participar en la revolución, sino que tienen la obligación de hacerlo (“el deber de todo cristiano es ser revolucionario, y el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”). 

Otro elemento fundamental en el pensamiento de Camilo lo constituyó su esfuerzo por conciliar el cristianismo con el marxismo, impulsando un nuevo tipo de sociedad de carácter socialista y cristiano, basado en la justa distribución de la riqueza. “Los marxistas luchan por la nueva sociedad, y nosotros, los cristianos, deberíamos estar luchando a su lado”. 

Todo este proceso debe ser desarrollado, como lo plantea Camilo, a partir de la acción popular, combinando la actividad política con la militar, y llevando a cabo labores políticas y organizativas a partir de las bases, es decir, en estrecha relación con el pueblo. 

La formación del pensamiento político de Camilo estuvo marcado por varias etapas. En primer lugar, tuvo una formación cristiana católica, pero siempre estando vinculado a la realidad social, y a la situación de pobreza de la población colombiana. Posteriormente viajó a Europa donde se formó como sociólogo, pero también donde hizo contacto con el mundo socialista y el movimiento obrero. 

A su regreso a Colombia, Camilo se planteó complementar sus esfuerzos por el bienestar de los pobres con la actividad científica e investigativa, a partir de sus conocimientos de sociología. En este sentido, desarrolló proyectos de acción social y comunitaria, en los que puso el saber sociológico al servicio de los sectores pobres.

 Pero sus labores fueron truncadas y entorpecidas por la burocracia gubernamental y el régimen político, factor por el cual Camilo pasó a participar en el campo político, oponiéndose al sistema del Frente Nacional (1958-1974) en el que los partidos tradicionales, el liberal y el conservador, se repartirían el poder milimétricamente, excluyendo a los demás sectores políticos. En esta perspectiva, Camilo gestó e impulsó el “Frente Unido del pueblo”, en el que buscaba aglutinar a todas las fuerzas políticas revolucionarias y de oposición en torno a la “Plataforma del Frente Unido”, que constaba de diez puntos, los cuales hacían referencia a: reforma agraria, reforma urbana, planificación, política tributaria, política monetaria, nacionalizaciones, relaciones internacionales, salud, familia y fuerzas armadas. 

La incapacidad de lograr cambios auténticos y profundos por medios pacíficos y legales, llevó a Camilo a plantearse la necesidad de la lucha armada como medio para el establecimiento de un nuevo estado y una nueva sociedad, de carácter socialista. Por ello se vinculó al ELN, donde esperaba alcanzar la realización de la revolución en Colombia, hasta que cayó muerto en su primer combate.*

Su ejemplo inspiró a movimientos de sectores cristianos como el grupo “Golconda”, o el caso chileno de “Sacerdotes para el socialismo”, impulsor del ascenso de Salvador Allende, y a personalidades como el padre Ernesto Cardenal, participante de la rebelión sandinista en Nicaragua, y en general, a las comunidades eclesiales de base, que conformaron una nueva iglesia latinoamericana comprometida con el cambio revolucionario, originándose la corriente conocida como la “teología de la liberación”.

Igualmente, el ejemplo de Camilo fue retomado por sacerdotes comprometidos que se vincularon a la lucha armada, como los casos de los españoles Domingo Laín y Manuel Pérez, que morirían combatiendo con el ELN. (Pérez llegó a ser comandante político de la organización, hasta que murió por una enfermedad en 1998). 

Hoy en día, su ejemplo se mantiene en la lucha revolucionaria que mantiene el Ejército de Liberación Nacional desde hace 38 años, y su pensamiento perdura en estudiantes, obreros y campesinos de toda Colombia y América Latina.


Las circunstancias de su muerte. En una entrevista conducida por Marta Harnecker y publicada con el titulo Unidad que multiplica (Quito, Editorial La Quimera, 1988), Rafael Ortíz, miembro del Comando Central de la Unión Camilista Ejército de Liberación Nacional (UCELN), explica las circunstancias de la muerte de Camilo Torres: "Al vincularse a la lucha armada, él se compenetra de inmediato con la vida guerrillera. ... En esas circunstancias, cuando se planifica una emboscada, él sostiene que tiene que participar argumentando que si hay normas, él no puede quedar al margen de ellas. ... Camilo convence a Fabio y a Medina y éstos resuelven que vaya, pero lo ubican en el sitio más seguro, es decir, en la punta de la emboscada... Los compañeros, pensando que ya se había eliminado a la tropa que había entrado en la emboscada, dieron la voz de recuperación, pero cuando Camilo va a recuperar un arma es tiroteado por uno de los militares que había caído herido. La emboscada fue un poco larga y cuando se dan cuenta que Camilo ha caído se lanzan a sacarlo pero ya es demasiado tarde.... En esa acción caen cinco compañeros tratando de auxiliar a Camilo."

A 161 años de La Batalla de Caseros, acá cerquita, en Palomar

A 161 años de La Batalla de Caseros, acá cerquita, en Palomar
En la Batalla de Caseros, ocurrida el 3 de febrero de 1852, el ejército de la Confederación Argentina, al mando de Juan Manuel de Rosas, Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina, fue derrotado por el Ejército Grande, compuesto por fuerzas del Brasil, el Uruguay y las provincias de Entre Ríos y Corrientes, liderado por el gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza, quien se había sublevado contra Rosas el 1º de mayo de 1851 en que lanzó el llamado Pronunciamiento de Urquiza.
La batalla culminó con la victoria del Ejército Grande y la derrota de Rosas, que el mismo día renunció al gobierno de la provincia de Buenos Aires.
En 1829 Juan Manuel de Rosas asumía la gobernación de Buenos Aires ejerciendo una enorme influencia sobre todo el país. A partir de entonces y hasta su caída en 1852, ejercerá el poder en forma autoritaria. Rosas se opuso durante toda su gestión a la organización nacional y a la sanción de una Constitución. Ello hubiera significado el reparto de las rentas aduaneras con el resto del país y la pérdida de la hegemonía porteña. A partir de 1851, Justo José de Urquiza, su ex aliado, había decido enfrentarse al gobierno bonaerense y alistó a sus hombres en el llamado Ejército Grande. Avanzó sobre Buenos Aires y derrotó a Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852. La caída de Rosas parecía poner fin a las disputas provinciales; sin embargo, los enfrentamientos se tornarían más encendidos que nunca. 

http://www.elhistoriador.com.ar/articulos/epoca_de_rosas/la_batalla_de_caseros.php