sábado, 15 de junio de 2013

Aniversario de la reforma universitaria y Estatuto del centro de estudiantes

Trayendo un poco de paz a la mesa y para tener en cuenta en el aniversario de la reforma del 18, es ponernos de acuerdo para organizar un debate serio sobre la reconfección del estatuto del centro de estudiantes, para conseguir que la facultad se adapte a los compañeros y sobre todo a los que trabajan (70% del total según la CONEAU). Para conseguir que este artículo se cumpla: "Velar por la igualdad de oportunidades de todos los estudiantes teniendo en cuenta especialmente a los que tengan dificultades laborales, económicas o de otra índole." (cap 2 art 2)
Es tarea de todos conseguir que nuestro estatuto vuelva a las premisas originales por las que se inicio aquel proceso de lucha en Córdoba del 18: Autonomía universitaria, Cogobierno, Extensión universitaria, Acceso por concursos y periodicidad de las cátedras
Libertad de cátedra, cátedra paralela y cátedra libre, Vinculación de docencia e investigación, Inserción en la sociedad y rol de la universidad, Solidaridad latinoamericana e internacional y la Unidad obrero-estudiantil y otras tantas porque de este proceso es herencia el estatuto de cada universidad. Adjunto el estatuto actual que es matriz de varios problemas hoy, entre ellos el problema que existe entre las dos facciones del centro (UyO y PO) ¡Por el debate del Estatuto!




ESTATUTO DEL CENTRO DE ESTUDIANTES UNTREF

CAPÍTULO I
De su formación
Artículo 1: Con el nombre de Centro de Estudiantes de la Universidad de Tres de Febrero y según las disposiciones de este Estatuto queda constituido el único organismo representativo de los estudiantes de la UNTreF. Artículo 2: este organismo no aceptará ni reconocerá ningún tipo de intervención, debido a su carácter de autónomo.

CAPÍTULO II
De sus propósitos
Artículo 3: Serán propósitos del Centro de Estudiantes de la UNTreF:
  1. Representar los intereses de todos los estudiantes de la UNTreF, ante las autoridades universitarias, provinciales, nacionales y cualquier otro que lo requiera.
  2. Velar por la igualdad de oportunidades de todos los estudiantes teniendo en cuenta especialmente a los que tengan dificultades laborales, económicas o de otra índole.
  1. Respetar las estructuras de la Universidad y apoyar los trabajos de investigación, incentivando la participación de los estudiantes.
  2. Fomentar la participación de los estudiantes en el gobierno universitario,bregando todos los medios posibles a la más alta libertad y calidad de los estudios.
  3. Servir de vínculo de unión y confraternidad entre los estudiantes de las distintas carreras y otras universidades.
  4. Bregar por el afianzamiento de las libertades democráticas y una estructura universitaria netamente participativa, con creciente representación de los estudiantes.
  5. Privilegiar una relación docente- alumno directa no autoritaria y manteniendo el respeto mutuo entre ambas partes.
  6. Defender una universidad abierta que responda ala realidad nacional y zonal.
  7.  Mantener a los estudiantes en conocimiento de los acontecimientos de la vida universitaria que sean de su interés.
  8.  Editar las publicaciones que sean necesarias para la universidad y el cumplimiento de estos propósitos.
  9. Intercambiar todo tipo de actividad social y cultural que permita enriquecer y aumentar el patrimonio intelectual y moral; entregando a la comunidad todo lo que la iniciativa y creatividad de los alumnos produzca.
Artículo 4: La duración del Centro se fija por ilimitada, en tanto y cuanto esta sujeto a la existencia de esta Casa de Altos Estudios que da origen al mismo.

CAPÍTULO III
Derechos de los Estudiantes
Artículo 5: El Centro de Estudiantes de la UNTreF garantiza la participación en un pleno ejercicio y la plena vigencia de los derechos estudiantiles sin ningún tipo de discriminación, sea esta: religiosa, racial o ideológica. Artículo 6: Los Estudiantes tienen derecho por igual a los siguientes beneficios:
  1. Frecuentar las dependencias del Centro de Estudiantes.
  2. Hacer uso de los servicios del Centro.
  3. Integrar o ser miembros del órgano directivo del Centro, conforme a las disposiciones del presente Estatuto.
  4. Elegir las autoridades en elecciones libres cada dos años.
  5. Tener voz y voto en las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias.
  6. Proponer temas que se consideren convenientes para su expreso tratamiento.
  7. Presenciar las Reuniones Ordinarias de la C.E.
Artículo 7: Participar comprometidamente de las elecciones será obligación moral de todos los estudiantes.

CAPÍTULO IV
Estructura y Organización
Artículo 8: El Centro es dirigido en el alcance de sus propósitos por una C.E. Integrada por once (11) miembros. Los cargos estarán distribuidos de la siguiente manera: 1. Presidente2. Secretario General 3. Secretario de Finanzas 4. Secretario de Organización Institucional 5. Secretaria de Extensión Universitaria 6. Secretario de Prensa y Difusión 7. Secretario de Asistencia Académica 8. Secretario de Acción Social 9. Secretario de Cultura 10. Secretario de Deportes y Eventos 11. Secretario Administrativo y de Actas Además estará integrado por nueve (9) suplentes.

CAPÍTULO V
Integrantes del Centro
Artículo 9: Podrán ser integrantes del Centro de Estudiantes los alumnos que estén inscriptos en el padrón de alumnos regulares del Departamento de Alumnos de la UNTREF. Además, deberán cumplir con el requisito de estar cursando en el cuatrimestre correspondiente a las elecciones.Artículo 10: Para ser elegido Presidente y/o Secretario General del Centro Estudiantes se requiere un mínimo de tres (3) materias cursadas y aprobadas en la UNTREF, sin contar el curso de ingreso. Artículo 11: Los miembros elegidos o designados para ocupar cargos electivos no podrán percibir por ese concepto remuneración de ninguna clase. Artículo 12: El mandato de los miembros elegidos o designados para la C.E. del Centro tendrá una duración de dos (2) años en su función, renovándose la totalidad de la C.E.Todos los miembros de la C.E. podrán ser reelectos un solo período consecutivo. Artículo 13: El mandato de los miembros de la C.E. se interrumpe al aprobar la última materia, por lo que la vacante se deberá cubrir con el primer suplente elegido en la última elección. La permanencia en el Centro de Estudiantes estará sujeta a sostener la condición de regularidad.Artículo 14: Para destituir a cualquier miembro de la C.E. se requerirá el voto de la totalidad de los miembros restantes de la misma (Mayoría Absoluta), con causa fundamentada. Artículo 15: Ante la Imposibilidad de continuar en el cargo, licencia, renuncia o destitución de algún miembro de la C.E., el mismo será sustituido en el cargo por el primer suplente elegido en las últimas elecciones.

CAPÍTULO VI
Autoridades
De la Comisión Ejecutiva Artículo 16: La C.E. tiene los siguientes derechos y obligaciones:
  1. Cumplir y hacer cumplir este Estatuto.
  2. Tendrá la obligación de reunirse en forma ordinaria como mínimo una vez por mes, en lugar, día y hora fijada en la anterior reunión y en forma extraordinaria, cuando el Presidente lo considere necesario o por lo menos un tercio (1/3) de sus miembros así lo solicite.
  3. La C.E. podrá deliberar, sin importar la cantidad de miembros presentes, una vez pasados quince (15) minutos de la convocatoria original. Sus resoluciones deberán ser aprobadas por la mayoría de los presentes. Las reuniones serán presididas por el Presidente. A efectos del cómputo de los votos, el del Presidente se considerará doble sólo en caso de empate. En ausencia del Presidente, presidirá la reunión quien sea designado por simple mayoría de los presentes y tendrá voto doble sólo en caso de empate.
  4. Para aceptar renuncias de cualquier Secretario o del Presidente, se requerirá el acuerdo de las dos terceras partes (2/3) del total de los miembros de la C.E., excepto cuando sea de carácter indeclinable.
  5. La C.E. podrá dejar sin efecto cualquier disposición tomada en minoría o por el Presidente, con el acuerdo de las dos terceras (2/3) partes de la totalidad de los integrantes de la C.E.
  6. Dar tratamiento a los dictámenes elevados por la Asamblea.
  7. Autorizar los gastos y aprobar el balance.
  8. Convocar a todos los estudiantes a las distintas Asambleas Ordinarias previstas en el presente Estatuto y a Asamblea Extraordinaria cuando lo considere necesario.
  9. Designar comisiones para fines específicos.
  10. Dirigir la marcha de la entidad velando por sus intereses, quedando a su exclusivo cargo la administración de los bienes sociales.
  11. Dictar los reglamentos internos necesarios para su mejor funcionamiento, si así lo creyese conveniente.
  12. Convocar a elecciones a candidatos para cubrir la totalidad de la C.E. de acuerdo con la reglamentación prevista en este Estatuto.
  13. La C.E. podrá por ocho (8) votos incluidos el del Presidente y Secretario General, decidir la renovación de la totalidad de los mandatos, sin importar cuanto faltase para su total cumplimiento, teniendo la obligación de llamar a elecciones en el mismo acto.
  14. El nombramiento de representantes ante otros organismos y la participación del Centro en los mismos, es facultad exclusiva de la C.E.
Del Presidente Artículo 17: El Presidente representará al centro en todos sus actos ya sean legales o sociales, ejerciendo todas las funciones inherentes al cargo y representación que enviste, teniendo además, las siguientes obligaciones y atribuciones:
  1. Presidir, si así lo deseara, las Asambleas y sesiones de la C.E.
  2. Firmar, junto con el Secretario de Finanzas, los recibos, demás documentación y los balances del Centro.
  3. Resolver por sí mismo de urgencia y tomar todas las decisiones que considere útiles a los intereses del Centro, con la obligación de dar cuenta a la C.E. en la reunión siguiente.
  4. Participar en las reuniones como uno más de los once (11) miembros de la C.E., al igual que el Secretario General y los Secretarios, debiendo considerarse su voto como doble sólo en caso de empate.
  5. Cumplir su mandato y tener posibilidad de ser reelecto ateniéndose a las disposiciones de este Estatuto.
  6. Representar al Centro en todos los actos y casos que se deben intervenir.
Del Secretario General Artículo 18: Será electo en la misma oportunidad y juntamente con el Presidente. Artículo 19: Cumplirá con todas las funciones y atribuciones del Presidente en caso de ausencia del mismo. En caso de alejamiento definitivo lo reemplazara hasta las próximas elecciones. Artículo 20: Se encargará de la coordinación general de las distintas comisiones de trabajo que se conformen para el mejor funcionamiento del Centro. De los demás Secretarios Artículo 21: En caso de ausencia definitiva del Presidente y Secretario General, la C.E. designará quien presidirá el Centro hasta la siguiente elección. Artículo 22: El responsable de Finanzas deberá tener a su cargo los libros contables del Centro, debiendo mantener toda la documentación respaldatoria en orden para la confección de informes contable en forma anual, en la sede del Centro de la UNTREF. Artículo 23: Los Secretarios serán miembros de la C.E. encargados por esta para la función para la que hayan sido electos. Artículo 24: Son atribuciones de los Secretarios, participar con voz y voto en las reuniones de la C.E. Se penará a aquellos integrantes de la C.E. que falten tres (3) veces consecutivas o cinco (5) alternativas injustificadamente a las reuniones del Centro de Estudiantes. Las Penas serán: la primera vez que cometa la falta tendrá voz pero no voto. Si comete la falta por segunda vez no tendrá ni voz ni voto. Si comete la falta por tercera vez se le otorgarán penas mayores decididas por la C.E., incluyendo la expulsión Quedan a consideración de la C.E. las explicaciones pertinentes del Secretario afectado y las resoluciones deberán quedar asentadas en actas.

CAPÍTULO VII
Sobre las comisiones
Artículo 25: Todos los estudiantes pueden participar de las comisiones de trabajo, las mismas serán convocadas por la C.E., éstas son de carácter abierto y participativo. Dependerán funcionalmente de la C.E. en sus objetivos, en la duración de sus actividades, como así también en su accionar.

CAPÍTULO VIII
De las Asambleas
Artículo 26: Las Asambleas son el máximo órgano de gobierno del Centro de Estudiantes. Habrá dos clases de Asambleas: Ordinarias y Extraordinarias, en las que tendrán derecho a participar todos los alumnos. Ambas se ajustarán a:  

  1. Las Asambleas Ordinarias y Extraordinarias deberán ser convocadas por la C.E. Y serán presididas por un miembro de la misma. B. Las Asambleas se celebrarán en el día y hora fijado con anterioridad.
  2. A partir de la hora fijada para la iniciación de la reunión se comenzará con la misma y sus decisiones serán válidas cualquiera sea el número de estudiantes presentes.
  3. Las Asambleas se publicarán por circulares a colocar en carteleras y lugares visibles, con siete (7) días de anticipación como mínimo, con el orden del día respectivo.
  4. Las resoluciones se adoptarán por la mayoría de los votos presentes.
Artículo 27: Las Asambleas Extraordinarias también podrán ser solicitadas a la C.E., con carácter de obligatorio, por parte de los estudiantes. Para tener carácter de resolutivas deberán ser convocadas por un diez porciento (10%) de los estudiantes regulares durante el cuatrimestre en que se convoque a la Asamblea, y al efectuarse deberán contar con un quórum mínimo del veinticinco porciento (25%) de los estudiantes regulares de la UNTREF. Deberán ser convocadas de acuerdo a lo estipulado en el inciso C del Art. 26, y sus resoluciones se adoptarán por la mayoría simple de los presentes. Artículo 28: Las Asambleas Generales Ordinarias deberán ser convocadas por la C.E. y su función será:
  1. Llamado a elecciones y conformación de la Junta Electoral (en adelante J.E.). La misma deberá ser convocada 20 días antes del acto eleccionario.
  2. Presentar el Informe y el Balance de lo actuado en cada final de periodo. Esta Asamblea General Ordinaria deberá ser convocada con un mínimo de diez (10) días de anticipación y con anterioridad a la Asunción de la nueva C.E.
Artículo 29: Las Asambleas Generales Extraordinarias, cualquiera sea su modalidad de convocatoria, tendrán como función única tratar el orden del día preestablecido.

CAPÍTULO IX
De las Elecciones
Artículo 30: Habrá elecciones para renovar todos los miembros de la C.E. cada dos años. Artículo 31: El llamado a elecciones  se realizará mediante Asamblea Ordinaria convocada por la C.E. para tal efecto con un mínimo de 21 días de anticipación al acto eleccionario.Artículo 32: Las elecciones tendrán como plazo último para su realización treinta (30) días previos a la renovación de los mandatos. La fecha de oficialización de las listas será una (1) semana antes de las elecciones. Con un mínmo de veintiuno (21) días antes de la oficialización debe estar designada la junta Electoral (J.E.) y publicado el calendario electoral junto con el padrón electoral. Para las elecciones se utilizará como base el padrón de alumnos regulares del cuatrimestre, el mismo será otorgado por la UNTreF, que corresponderá al cuatrimestre en que se realice la elección. Las impugnaciones al presente padrón podrán ser realizadas por los Apoderados de las listascompetidoras o por oficio de la J.E.. Las mismas deberán encontrarse debidamente fundadas. Artículo 33: La/s mesa/s designadas para las elecciones serán presididas por un presidente de mesa designado por la Junta Electoral y un fiscal de cada lista, que a su vez, estarán a cargo del escrutinio.Artículo 34: La elección será por voto secreto y directo. El estudiante, una vez acreditada su identidad y posibilidad de voto, mediante libreta universitaria y/o D.N.I. recibirá un sobre firmado por el Presidente y los fiscales, con el cual se trasladará al cuarto oscuro para ensobrar su voto y depositarlo en la urna sellada. El Presidente dejará constancia del voto en el padrón electoral de la mesa.Artículo 35: En la elección de las autoridades del Centro se tendrán en cuenta los siguientes puntos:  
  1. La junta Electoral es la máxima autoridad del acto eleccionario, será elegida por medio de Asamblea Ordinaria convocada por la C.E. Las elecciones deberán ser fiscalizadas por la misma.
  2. La J.E. estarán formada por un PRESIDENTE, NO podrá ser candidato. Un VOCAL,No podrá ser candidato. Dos SECRETARIOS, NO podrán ser candidatos. En caso de empate el voto del Presidente se contará como doble. Todos deberán encontrarse cursando en el cuatrimestre correspondiente a las elecciones.
  3. Se solicitará al rectorado de la UNTreF la designación de un miembro integrante del mismo para que actúe como veedor del acto eleccionario.
  4. Las listas se presentarán en boleta única y deberán contar con once (11) candidatos titulares y nueve (9) suplentes. Las distintas listas podrán contar con los mismos candidatos a Presidente y Secretario General.
  5. Las listas deberán contar con la conformidad firmada de cada uno de los candidatos, y la aceptación del apoderado.
  6. Las listas deberán contar con el aval establecido por el reglamento electoral vigente.
  7. Serán electos como Presidente y Secretario General los candidatos de la lista que más votos válidos hayan recibido. El orden de los restantes integrantes serán distribuidos por el sistema proporcional . Los cargos de las secretarias con sus respectivas funciones, serán distribuidos en base al acuerdo entre las partes con un plazo máximo de treinta (30) días, de no mediar acuerdo entre los miembros de la C.E. finalizado este plazo serán distribuidos por la decisión de la mayoría.
  8. Para obtener representatividad, la lista deberá obtener por lo menos el 10% (diez por ciento) de los votos válidos.
  9. Los votos nulos, no serán considerados como válidos.
  10. El recuento final de los votos lo llevará a cabo la J.E., en un acto público, una vez finalizado el acto electoral.
  11. Los resultados del escrutinio serán dados a conocer por la J.E.
  12. Todo punto referente, no observado en el presente capítulo, será de exclusiva resolución y tratamiento de la J.E.

miércoles, 5 de junio de 2013

El sujeto histórico de la transformación lo constituye la unidad estratégica de los trabajadores.

Por Facundo Moyano* y Gabriel Merino**

*Diputado Nacional del FPV, Secretario General de la Juventud Sindical y Sec. Gral. SUTPA
** Coord. Nacional de CONAPLA (Corriente Nacional Popular Latinoamericana). Sociólogo, Docente e Investigador de la Universidad Nacional de La Plata, becario CONICET.

Hoy en día existe un fuerte debate acerca de cuál es el sujeto sobre el cual va a sostenerse y profundizarse el proyecto nacional, popular y latinoamericano, conducido por Cristina Fernández de Kirchner. Y particularmente, sobre quién es el sujeto histórico de la transformación, ya que muchos sostienen confusamente que no es más el movimiento obrero organizado y/o los trabajadores producto de las transformaciones acaecidas en nuestra sociedad en los últimos años. Otros señalan que el sujeto histórico es la “juventud”, embelesados por la vuelta de los jóvenes a la política, así como en otro momento más cercano a las jornadas de diciembre de 2001 se dijo que los “desocupados” eran el nuevo sujeto histórico y/o los movimientos sociales. En una visión un tanto más “integradora”, también se afirma que el sujeto histórico de la transformación está constituido por una alianza entre “juventud”, trabajadores organizados (sindicatos) y “movimientos sociales”.   

Para definir al sujeto histórico y al sujeto de la transformación primero hay que definir al sujeto social, es decir, definir qué actor impuso el proyecto de sociedad en la cual vivimos, el orden dominante que queremos transformar. En este sentido, el proyecto financiero neoliberal tiene como sujeto a las redes financieras globales, con sus distintas transnacionales y multinacionales. Las reformas estructurales impulsadas por los organismos internacionales de crédito (FMI, BM), que impulsaron las privatizaciones (no sólo de las empresas sino también de la salud, la educación, etc.), el achicamiento al mínimo de la inversión pública, la destrucción del entramado industrial nacional y la especialización en la exportación de productos primarios, la apertura indiscriminada a las importaciones, la flexibilización laboral y la fragmentación en el mundo del trabajo, la tercerización con precarización laboral, fueron todas políticas impulsados por el bloque de poder anglo-americano de las redes financieras globales. No surgieron de un repollo, sino de una profunda transformación del capitalismo en los años 60’-70’. Y fueron los cuadros económicos, políticos e ideológicos-culturales de este sujeto social, con sus empresas, sus fundaciones, sus tanques de pensamiento, sus organizaciones políticas, sus medios de comunicación y sus universidades los que llevaron adelante y condujeron este proyecto político-estratégico.

En Argentina contó con sus aliados locales –grandes terratenientes, grupos económicos concentrados—, y desde el golpe del 76’ hasta el 2001 se impuso como dominante, regando de pobreza, miseria, desocupación, individualismo y fragmentación social a partir de destrucción de los lazos de solidaridad y de los valores que los sostienen. Es importante destacar que las alternativas construidas desde las fracciones más débiles del régimen, como lo es el neo-desarrollismo productivo asentado en el MERCOSUR (económico), impulsado por los grupos económicos locales concentrados y apoyado por los europeos, tampoco resulta una salida estratégica para los pueblos aunque coyunturalmente pueda haber convergencias tácticas (como lo fue el rechazo del ALCA)
Desde las usinas ideológicas del proyecto financiero neoliberal machacaron la cabeza de los pueblos para destruir las herramientas teóricas forjadas al calor de la práctica transformadora y, con ello, destruir la conciencia nacional y social. Uno de los preceptos instalados desde cierto “progresismo” del proyecto financiero global –una de cuyas principales expresiones fue la Tercera Vía de los británicos Antony Giddens y Tony Blair— fue que los trabajadores ya no son más el sujeto histórico y que había que pensar en otros sujetos históricos como las minorías, los jóvenes, etc. En realidad, lo que se busca con ello es negar la discusión por la cuestión de fondo y poner un manto de oscuridad sobre las relaciones fundamentales del sistema social en que vivimos. Esto implica perder el punto de partida para su transformación hacia otra sociedad en donde reine la justica social.

En este sentido, otro de los aspectos instalados desde ciertas corrientes “posmodernas” es pensar las identidades políticas y los sujetos políticos de forma escindida al lugar que los sujetos ocupan en la órbita económica-social, como si su situación y condición social no influyera necesariamente (aunque no únicamente ni linealmente) en sus ideas y en su constitución como actor político. Esto implica, a su vez, no entender al sujeto partiendo desde individuo, que ese es el punto de partida liberal, sino en tanto grupo, capa o fracción social la cual vive y se le imponen determinadas condiciones de vida. Dicho error es tan grande como el del punto de vista  economicista que cree que una clase social o actor social se comporta como tal, mecánicamente, en lo político e ideológico.  Es decir, es “poco probable” que los banqueros transnacionales o los grandes rentistas, como fracciones sociales, impulsen y desarrollen la identidad del proyecto nacional, popular, democrático y latinoamericano de justicia social (aunque pueda haber algún caso perdido). Tampoco es probable que lo hagan sus “jóvenes” o los cuadros “jóvenes” que forman en términos técnicos-económicos, políticos e ideológicos. Y, al revés, es muy posible, aunque no lineal, que los trabajadores desocupados en los 90’ se organicen para luchar por reivindicaciones que guardan estrecha relación con su sufrimiento por su situación económica y social, aunque lo haga desde distintas perspectivas ideológicas y políticas. La lucha central es por la distribución de la riqueza que no es sólo económica (en sentido restringido).    

Toda lucha de “jóvenes”, minorías y género pueden ser resueltas e incorporadas dentro del proyecto financiero global sin necesidad de modificar sustancialmente el sistema de opresión sobre los pueblos de todo el orbe y las mayorías populares. Por supuesto que todas estas luchas son centrales para democratizar las relaciones sociales en las cuales desarrollamos nuestra vida, pero es imprescindible que estén articuladas (y de hecho casi siempre lo están aunque ello se niegue) en un proyecto transformador de fondo. Sólo allí pueden resolverse de fondo. Obviamente, sin articulación y construcción de un sujeto transformador lo que no existe es la construcción real de una alternativa popular y toda lucha queda acotada a acciones puntuales, gremiales y sectoriales dentro de la hegemonía neoliberal.

Por ejemplo, Gran Bretaña es “paradigma” de inclusión en materia de derechos civiles bajo el sistema democrático liberal. En materia de género e inclusión de minorías en términos civiles es uno de los países más avanzados (aunque no en términos sociales donde se ve la desigualdad de fondo). Al mismo tiempo, Londres es una de las capitales centrales del Imperio, núcleo de proyecto financiero global que se apropia de la riqueza producida por los pueblos, y las tropas británicas así como sus servicios de inteligencia son parte de las guerras y operaciones para construir un nuevo orden imperial-global en el siglo XXI.

Una vez analizada la cuestión del sujeto social (quien impone el orden dominante hoy en crisis), vayamos al análisis de cuál es 1-el sujeto histórico, 2-el sujeto de la transformación en la Argentina y 3- la alianza social que hay que desarrollar para consolidar y profundizar el Proyecto Nacional Popular y Latinoamericano. En palabras de Cristina, qué es lo que debemos UNIR y ORGANIZAR.

En primer lugar, cómo decíamos al principio, seguimos viviendo bajo el capitalismo, donde sigue existiendo la relación fundamental capital-trabajo que organiza a la sociedad, aunque el capitalismo que vivimos en la actualidad y que se impuso en los 90’, no es el mismo que el de mediados del siglo XX. El sujeto social cambió e impuso un nuevo proyecto de sociedad, el proyecto financiero global, y con ello cambiaron las relaciones laborales y la forma en que se encuentran organizados los trabajadores para la producción de lo social. Como analizaron distintos intelectuales desde diferentes perspectivas (Castells, Rifkin, Piore y Sabel) las relaciones de trabajo cambiaron, imponiéndose la flexibilización, la terecerización laboral y la producción en red, bajo el soporte de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Algunos hasta quisieron decretar la muerte del trabajo.

A medida que se impusieron estas transformaciones en los distintos países del mundo, que trajeron consigo la precarización laboral y significaron un enorme triunfo del capital sobre el trabajo (y sobre el pequeño y mediano empresariado), se fueron produciendo profundas modificaciones en la clase trabajadora.

Sin embargo, aunque dichas relaciones de trabajo se flexibilicen, se vuelvan informales y se precaricen, crezca el cuentapropismo y la contratación, lo cierto es que de una forma o de otra, las grandes mayorías populares en la Argentina y en el mundo están conformadas por trabajadores, que lo único que tienen para vivir es vender su fuerza de trabajo (aunque cambien las formas de la venta en perjuicio de los trabajadores). Y dentro de los trabajadores, la mayoría siguen siendo asalariados. Por lo tanto, no desapareció el sujeto histórico en términos sociales, sino que en todo caso, producto de la derrota y el retroceso desde los años 70’ y en los 90’, lo hicieron desaparecer en términos políticos y lo intentaron sepultar en términos teóricos, para decretar el fin de la historia.

Sin embargo, la historia siguió su marcha. Primero desde la resistencia y luego, en ciertos países como Argentina, construyendo nuevas alternativas, los trabajadores volvieron a la política como protagonistas. Y dentro de ellos, el movimiento obrero organizado –el sujeto histórico—, que en términos económicos-sociales  sigue estando en el núcleo central de la producción de la riqueza en nuestra sociedad, y se enfrenta directamente al gran capital concentrado, que se apropia diariamente de la riqueza que el obrero genera.

Los trabajadores volvieron bajo nuevas formas ya que su punto de partida era otro. La clase obrera, como fracción principal de los trabajadores por su lugar en el núcleo de la producción de riqueza en la sociedad, sufrió modificaciones. La disminución de la clase obrera industrial “clásica” es palpable bajo los tremendos saltos de productividad dados al calor de la revolución tecnológica y en la revolución de las nuevas formas de organización del capital. En la Argentina fue todavía más drástico por la destrucción de gran parte del tejido industrial y su especialización forzada a la producción de commodities (soja, maíz, petróleo, gas, minerales) y algunos bienes industriales. Por otra parte, al volverse central la logística bajo las nuevas formas de producción flexible, en red, ciertos sectores de lo que se denomina “transporte”, ya no resulta una actividad “exterior” de distribución en el proceso de producción sino que forma parte del mismo proceso.     

Podemos identificar tres grandes fracciones de la clase trabajadora:
A-     trabajadores técnicos y profesionales (enorme mayoría de las habitualmente llamadas clases medias) que crecen en cantidad por el proceso de proletarización de los profesionales y por la creciente necesidad de trabajadores formados en nivel técnico y superior por parte de las grandes empresas cuyos procesos productivos se complejizan; en Argentina suman alrededor de una cuarta parte de los trabajadores.
B-      trabajadores operarios, obreros y parte de los llamados “empleados”, que se encuentran con trabajos formales, lo que históricamente constituye el movimiento obrero y que en Argentina hoy constituyen un poco más de los dos quintos de los trabajadores.
C-      trabajadores obreros informales, subocupados, precarizados y desocupados estructurales, contenidos en gran medida por ese 34% de trabajadores en negro, que crecieron enormemente con la imposición del proyecto financiero neoliberal y las nuevas formas de organización de la producción. Con ello se partió al movimiento obrero organizado, ya que eran parte del mismo, pero su situación y condición los vuelve en la realidad otra fracción. Es importante señalar que en Argentina, con el proceso de crecimiento económico y re-industrialización de los últimos años, esta fracción tiende a decrecer e incorporarse como obreros pero no a desaparecer. Llegamos a un cuello de botella dado por las nuevas formas de organización de la producción y del trabajo por parte del gran capital. Para cambiarlo es necesario abrir una nueva etapa de profundización en el proceso político-social.
    
Con este proceso de transformación de las relaciones de trabajo conducido por las redes financieras globales y seguido por el conjunto de grupos económicos concentrados, se   heterogeneizó y fragmentó a la clase trabajadora, y sufrió un duro golpe el movimiento obrero organizado. Sin embargo, en Argentina los dos grandes sectores en que quedó dividido el movimiento obrero, a medida que comenzaron a construir nuevas expresiones organizativas, con conducciones que expresaban los intereses y nuevos desafíos de los trabajadores, fueron las protagonistas centrales de la resistencia y lucha contra el neoliberalismo. La fracción más golpeada organizada como movimiento de desocupados y/o organizaciones sociales, cuya dirigencia provenía en su mayor parte de la experiencia militante gremial, y la fracción aun incluída formalmente en el sistema aunque fuertemente golpeada organizada como MTA. A ello debemos sumar la CTA, mayormente compuesta de trabajadores técnicos y profesionales como docentes, administrativos con formación técnica, lo que quedaba de obreros de las industrias estratégicas estatales en proceso de desmantelamiento y algunos gremios industriales como el neumático. Además, debemos agregar dentro de esta fracción de técnicos y profesionales, de “capas medias”, de pequeña burguesía profesional, al movimiento estudiantil y, en términos más amplios, lo que algunos denominan como “juventud”.

Aquí se configura el sujeto de la trasformación. El movimiento obrero organizado en tanto sujeto histórico, no puede sólo, sino que debe constituir una unidad estratégica con el conjunto de los trabajadores, con el conjunto de las fracciones mencionadas, rearticulando la fuerza de las mayorías trabajadoras, expresadas en un proyecto y en un liderazgo. Esto es lo central a unir y organizar para garantizar la consolidación y profundización del proyecto nacional popular latinoamericano de los trabajadores, el proyecto estratégico de justicia social.

Quienes definen el sujeto de la transformación en “trabajadores, movimientos sociales y juventud” en realidad se refieren en gran medida a la forma bajo la que aparece moviéndose el sujeto de la transformación. Sin embargo, no debe perderse de vista, que en realidad se trata fundamentalmente de tres fracciones de los trabajadores. O acaso qué es la juventud? El movimiento obrero organizado y las organizaciones sociales de desocupados y trabajadores informales y pauperizados, acaso no se componen también de sectores juveniles?  En realidad, así como lo plantean, de forma separada al MOO y a las organizaciones sociales, la juventud refiere a juventud de sectores medios. Por otra parte, así planteado, en esos tres grandes sectores, la forma impide ver el fondo y puede actuar como dispositivo divisorio. El fondo es que son todos trabajadores, con intereses estratégicos comunes.

La batalla cultural es central para unir y organizar lo que se encuentra dividido, aunque en proceso de rearticulación. De ahí la importancia de discutir el sujeto de la transformación y de debatir los ejes que dividen a los trabajadores y al conjunto del campo del pueblo, en el camino de la unidad de concepción. Sólo de dicha división y haciendo luchar entre sí a las partes que componen el movimiento nacional, las corporaciones agazapadas pueden retomar los caminos de la restauración. Como afirmaba José Martí, “Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedra. No hay proa que taje una nube de ideas. Una idea enérgica, flameada a tiempo ante el mundo, para, como la bandera mística del juicio final, a un escuadrón de acorazados".  

Una vez planteado el sujeto social, el sujeto histórico y el sujeto de la transformación, resulta necesario observar cuál es la alianza social que debe fortalecerse para llevar adelante y consolidar el proyecto nacional, popular y latinoamericano. La alianza social es entre los sectores de la producción y el trabajo, los cuales comparten tener enfrente de sí al mismo actor que los excluye, los subordina y los expolia: el capital financiero (en sus distintas fracciones global, multinacional y grupos económicos-financieros locales concentrados). El conjunto de los sectores de la producción y el trabajo comparten la necesidad de reconstruir el entramado productivo nacional, fortalecer el mercado interno, fortalecer el estado público, desarrollar las industrias estratégicas del estado, construir un bloque de poder latinoamericano desde el cual consolidar nuestra segunda y definitiva independencia, y edificar una nueva forma de sociedad en donde reine la justicia social por fuera del capitalismo financiero global.  

El “salto a la política”

Documento de discusión del CEFIPES (Centro de Estudios, Formación e Investigación en Política, Economía y Sociedad), noviembre de 2012.

Por Gabriel Merino* y Ana Natalucci**

* Sociólogo, Docente e Investigador de la Universidad Nacional de La Plata, becario CONICET.
** Dra. en Ciencias Sociales. Investigadora Asistente CONICET. Docente Facultad Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires.


Un debate y una consigna frecuente del campo popular –del movimiento obrero organizado, de las organizaciones sociales-barriales, del movimiento estudiantil, etc.— es el del “salto a la política”. Si bien en estos últimos meses la consigna no es tan fuerte como en el pico de auge popular durante los meses previos al triunfo de Cristina Fernández de Kirchner en 2011, sigue siendo un eje de importancia en las organizaciones y en los militantes del campo popular, incluso más allá de los que se identifican con el kirchnerismo. Y si este debate sigue siendo central es porque estamos, por un lado, en esa transición –lo que no quiere decir que necesariamente se llegue—, y, por otro, porque se lo ve como una necesidad para profundizar.

Paradójicamente todos se asumen participando en política, aunque al mismo tiempo se observan por “fuera” de la política. Así formulado, la “política” aparece  como el sistema político-institucional al que hay que “llegar” como pueblo para ejercer plenamente el poder.

Más contradictoria resulta dicha afirmación cuando es pronunciada por organizaciones del campo popular que, a partir del kirchnerismo, son parte de la alianza político-social en función de gobierno.


Qué significa, entonces, el salto a la política

Dicho sintéticamente, el estado es la relación de fuerzas existente en un territorio, que se cristaliza en un conjunto de instituciones, que a su vez administran las fuerzas existentes. Por lo tanto, toda institución supone la objetivación de un proyecto político-estratégico.

Por ejemplo, a partir de que el proyecto financiero neoliberal se impuso, creó nuevas instituciones, leyes y políticas, modificó las existentes y destruyó otras: apertura comercial, privatizaciones, ley de reforma del estado, carta orgánica del Banco Central, la convertibilidad, ley de educación superior, ley federal de educación, etc. En un sentido más general, el estado del proyecto financiero neoliberal es la forma que adoptó la dominación del capital financiero y su conducción de un nuevo bloque histórico de los que “viven de los que trabajan” contra los que “viven de su trabajo”.  

La idea del “salto a la política”, desde la perspectiva que nos interesa poner en discusión, remite al hecho de que un proyecto político-estratégico pueda modificar a su favor la relación de fuerzas y cristalizarse en la conducción del estado. Es decir, que pueda proponer y desarrollar políticas públicas, impulsar nuevas sociabilidades que trastoquen los modos regulares de relaciones sociales, construir una nueva sociedad, etc. En definitiva, ser parte fundamental de las decisiones del estado que significa, a su vez, la construcción de otro estado.

Por lo dicho, todo proyecto político-estratégico supone la institucionalización por parte de la fuerza dominante de mediaciones que permitan su desarrollo. Ahora bien, cuando dicho proyecto se pone en cuestión y emerge una fuerza político-social contraria se produce una crisis, una suerte de tensión entre la fuerza emergente que busca crear nuevas instituciones acordes a sus intereses (por ejemplo, otra legislación laboral, otra política educativa, etc.), y las instituciones ya existentes.

Bajo esta óptica podría explicarse la crisis de 2001, esto es, se puso de manifiesto una disputa entre proyectos estratégicos de distintas fracciones del capital, a partir de lo cual se produjo un cambio de correlación de fuerzas –iniciado en 2002 y consolidado electoralmente en 2003— favorable a un proyecto productivo neodesarrollista bajo la conducción de los grupos económicos locales, con núcleo en la Unión Industrial Argentina, el Grupo Productivo (UIA, CAC, CRA, SRA) y el Movimiento Productivo Nacional como armado político transversal, cuyos máximos referentes eran Eduardo Duhalde y Raúl Alfonsín. Estos pugnan por la consolidación del Mercosur como mercado interno ampliado, la devaluación del peso, la pesificación de la economía, la intervención estatal y el capitalismo con valor agregado e inclusión social. El otro sujeto de la disputa estaba conformado por el proyecto financiero neoliberal e integrado principalmente por los bancos, las empresas de servicios privatizadas, ambos al girar sus ganancias al exterior proponían la dolarización de la economía con el consecuente aumento de tarifas. Este cambio en la relación de fuerzas evidentemente puso en crisis un conjunto de instituciones (como la batería de programas y planes sociales focalizados, ideas de autonomía de los espacios financieros, la convertibilidad de la moneda) mientras creó o restituyó otras (paritarias, políticas sociales universales, cooperativas, retenciones).

Esta disputa supuso la constitución de una alianza del Grupo Productivo con fuerzas del campo popular, con movimientos sociales y centrales de trabajadores que resistieron las políticas neoliberales en los 90’, dando lugar a un avance de estos intereses en el estado, en la influencia para la definición de políticas y en los contenidos nacionales-populares que fueron desarrollándose y fortaleciéndose en este proceso político. Vale aclarar que este proceso no siempre mantuvo el mismo ritmo, sino que este fue acelerándose según factores coyunturales.

Cuando el contenido social de la fuerza emergente es antitético del dominante, la crisis del Estado es orgánica. Lo que emerge es un nuevo orden social y, por lo tanto, un nuevo “estado”. Esto es lo que está en el fondo de la discusión actual, de la transición actual y de los distintos sentidos que se le da a la palabra profundización: mientras que para la UIA significa la profundización y consolidación del proyecto neodesarrollista-industrial, para las fuerzas del campo popular significa el avance hacia la “Justicia Social”.

En resumen, la premisa del “salto a la política” supone la posibilidad para las mayorías populares y sus organizaciones de intervenir en los lugares donde se toman las decisiones, que afectan su vida cotidiana, sus trabajos. Construir su comunidad como protagonistas centrales. Esta chance en la historia argentina fue posible con el peronismo, de ahí la importancia que este conserva en la memoria popular no sólo como reivindicación, sino como expectativa que recuperar y orientar la acción política.


¿Qué actores saltan?

Lo que “salta” a la política son el conjunto de grupos, fracciones y clases sociales populares excluidas o subordinadas. El salto a la política es del conjunto de los trabajadores, que pasan de una situación gremial y político-gremial para entrar en las luchas políticas por un proyecto de país, lo cual incluye al momento gremial y al político-gremial, los potencia pero los contiene dentro de una estrategia política.

El concepto de trabajadores es integral, refiere a “la clase de hombres que viven de su trabajo”, lo cual incluye a trabajadores obreros, técnicos, profesionales, científicos, changarines, etc.; que estén ocupados, subocupados o desocupados; sean activos o pasivos; se encuentren precarizados, flexibilizados, tercearizados, contratados como autónomos, etc.; o sean estudiantes, futuros trabajadores en formación.

La articulación del conjunto de los trabajadores y la constitución de su unidad estratégica en torno a un proyecto, hace a la constitución del sujeto histórico de la transformación, es decir, del sujeto con el cual transformar la sociedad, construir una nueva donde se trastoquen los modos de acumulación del capital, de dominación política y de constitución de subjetividades dominantes hasta entonces.

Dicho “salto”, como sucedió históricamente, implica a su vez la consolidación de una alianza social con los sectores de la pequeña y mediana producción, incluidos en el proyecto político-estratégico. Supone, en definitiva, un esfuerzo de articulación que permita superar identidades parciales en pos de la construcción de otras inclusivas.
     

¿Qué implica saltar?

El “salto a la política” implica la articulación de una agenda general incluyendo a una heterogeneidad de sectores. Es decir, construir un proyecto político estratégico para el conjunto de la sociedad, un plan desde el cual construir otra sociedad, o, en términos de la realidad  histórica nacional, profundizar el proceso de transformación popular que se puso en marcha con la crisis de 2001 y la derrota electoral del proyecto financiero neoliberal en abril de 2003.

En otro contexto histórico y bajo otras realidades, en plena Resistencia, el Programa de la CGT de los Argentinos del 1º de mayo de 1968 (siguiendo el desarrollo histórico de La Falda y Huerta Grande) fue parte de un proceso de salto a la política, en el sentido que venimos exponiendo. En el mismo, el movimiento obrero no se expresó meramente como resistencia, como negación a lo dominante, sino que pudo formular un programa justicialista para construir, a partir de la experiencia histórica del peronismo, un proyecto de sociedad forjado desde el propio campo popular.     

El desarrollo de un programa político –de cómo organizar economía, la educación, la salud, etc.– es el primer paso fundamental del salto a la política. No es resultado de un mero ejercicio intelectual. Es producto de una síntesis de la experiencia histórica y de un conjunto de prácticas que se multiplican y dan un salto cualitativo para pasar de la resistencia a un programa de estado. El punto de partida es la práctica misma y la crítica que brota de ella.

De ahí surge la necesidad de articulación de una fuerza, es decir, que el programa se vuelva fuerza político-social, salto a la política y pasaje de las ideas a la acción en donde las distintas fracciones del campo popular se encuentran descorporativizadas en lucha por un proyecto para crear una nueva comunidad política. Esto no significa que no luchen por sus problemas gremiales y políticos gremiales, sino que converjan en un proyecto político estratégico para el conjunto de la comunidad.

Por otra parte, todo proyecto político implica la articulación de ciertas “corporaciones” (en el sentido de entidades de representación de intereses) que se enfrentan a un proyecto político que implica la articulación de otras corporaciones. Es decir, en las luchas contra el proyecto neoliberal, la crisis de 2001 y la emergencia en 2003 del kirchnerismo implicaron la articulación de un conjunto de corporaciones tales como la UIA, CGT y Movimientos sociales (desocupados, trabajadores informales) versus ABA (Bancos extranjeros), privatizadas de servicios públicos, etc. Su articulación en un proyecto político estratégico implica la superación del mero momento económico-corporativo, el desarrollo de un proyecto de estado para el conjunto de la sociedad, el devenir de lo particular a lo general.   

Ello remite, necesariamente, a la formación de los cuadros, ya que el salto a la política implica que los cuadros gremiales o de los frentes sociales, que hasta entonces organizaban a su fracción en ese nivel pasen a hacerlo articulando a las distintas fracciones del campo popular en torno a un proyecto común. Esto es, organizar políticamente implica impulsar un proyecto de sociedad en términos prácticos pero también en términos ideológico-culturales.

Por lo tanto, el “salto a la política” implica el desarrollo de los cuadros políticos e ideológico-culturales, “realizadores y predicadores”, características que deben sintetizarse en una misma persona, que organiza a su fracción gremialmente y tiene esa experiencia de lucha y militancia (sociedad de fomento en barrios, sindicatos, centro de estudiantes, cámara de pequeños productores, etc.). Es decir, el carácter principal de la construcción debe orientarse de “abajo” hacia “arriba”, aunque exista una dialéctica entre ambos momentos. En caso contrario, se trata de un mero gerente de la política, que nunca organizó a nadie y por lo tanto su concepción no tiene nada que ver con una popular.

Ahora bien, no alcanza solamente con el desarrollo de un programa. Sin fuerza político-social con capacidad de lucha política ese salto a la política no tiene chances, ya que este existe en tanto puede cristalizarse en la práctica, en las relaciones sociales y en los territorios bajo otro proyecto político.

Esta fuerza de mayorías, nacional y popular, que articula a las distintas fracciones de los trabajadores y a las fracciones de la pequeña y mediana producción, es la que lucha en el plano político social (en la calle), en el plano político institucional (elecciones e internas de partido) y en el plano político-cultural (batalla de las ideas).

Sin esto, toda pelea electoral o por cargos –que es la forma restringida en que suele entenderse el salto a la política– debe estar subordinada a un programa de la profundización del proyecto nacional, popular y latinoamericano. Ello no depende de un líder y mucho menos de un grupo de técnicos que gestionen el orden dado. Más bien, es sólo producto del pueblo organizado, luchando y estableciendo nuevas prácticas desde el cual se construye el sujeto de la transformación para la profundización.

El salto a la política de las mayorías implica nuevas síntesis políticas, la construcción de una nueva identidad a partir de las identidades existentes en el campo popular, en las distintas fracciones que lo componen. En tanto es síntesis de las diferentes fracciones sociales descorporativizadas también lo es de sus distintas identidades.

El elemento central del salto a la política es que las mayorías populares construyan poder popular para organizar la comunidad política. Por ello, las mayorías no “adhieren” sino que están comprometidas, participando y organizadas en función de un proyecto propio.

Son estas mayorías quienes construyen los procesos populares. De ahí que se afirme que había peronismo antes de Perón. La fuerza de las mayorías populares es necesariamente anterior a su expresión político-institucional (en cargos, políticas de estado, consolidación de un movimiento político, etc.) por más que ello luego las refuerce y se establezca a partir de allí una relación dialéctica. Incluso con el gobierno del estado, no se puede ir más allá de lo que da la lucha, o el poder popular construido: “Si no triunfo en la lucha no llegaré muy lejos en la acción de gobierno”.   

En Resumen, sin lucha, sin construcción de poder popular, sin organización política de las mayorías populares, sin proyecto político que exista como realidad en la práctica territorial, sin “salto a la política” no hay posibilidad de profundización y consolidación del Proyecto Nacional Popular y Latinoamericano o de liberación nacional y social.